Del extravagante doctor de las mariposas;
cuando la luna bajaba coqueta por las calles,
entre los coros de lobos ansiosos, y las chinitas con rosas.
Ya regresaron los quijotes, con los malabares por bigote...
esas manos llegadas de las tabernas,
con las sombras de los hayedos;
son los cuencos de los molinos, con la cruz del sur.
Acaso las manos que dibujaron,
con el humo de las chimeneas de los sueños,
sobre los tejados de nieve…
que dicen, los peces de hotel, resbalando por las guitarras…
de las periferias de los gatos, y los mosaicos del tabaco…
que adivinaron de los arcanos,
del clamor de miel, más adentro de sus ojos.
El corazón de esa puerta, tras las puertas;
y esos reflejos de sus azules en mis caballos.
Que de esos megáfonos de latidos lejanos,
y las banderolas de los templos por los aeropuertos…
de aquellos, tras huir a llamaradas,
con estelas de derroche y polvo cósmico…
del techo perfecto en verbo nuevo,
y sus nombres por capricho de cimientos verdes.
… de los brazos donde se abrazan las olas,
y esos valores tan rellenos de sol…
en virtud de sus claveles, cada cicatriz en piel de oliva…
el relevo de nuestra hoguera de rubí, y la frambuesa cristalizada…
de los cabellos rubios y balcones,
que desembarcan, entre las flores que cuida la familia…
entre esos tiempos sedosos que se desenredan en la plaza,
donde te desglosé esos versos, en racimos y besos.
cuando la luna bajaba coqueta por las calles,
entre los coros de lobos ansiosos, y las chinitas con rosas.
Ya regresaron los quijotes, con los malabares por bigote...
esas manos llegadas de las tabernas,
con las sombras de los hayedos;
son los cuencos de los molinos, con la cruz del sur.
Acaso las manos que dibujaron,
con el humo de las chimeneas de los sueños,
sobre los tejados de nieve…
que dicen, los peces de hotel, resbalando por las guitarras…
de las periferias de los gatos, y los mosaicos del tabaco…
que adivinaron de los arcanos,
del clamor de miel, más adentro de sus ojos.
El corazón de esa puerta, tras las puertas;
y esos reflejos de sus azules en mis caballos.
Que de esos megáfonos de latidos lejanos,
y las banderolas de los templos por los aeropuertos…
de aquellos, tras huir a llamaradas,
con estelas de derroche y polvo cósmico…
del techo perfecto en verbo nuevo,
y sus nombres por capricho de cimientos verdes.
… de los brazos donde se abrazan las olas,
y esos valores tan rellenos de sol…
en virtud de sus claveles, cada cicatriz en piel de oliva…
el relevo de nuestra hoguera de rubí, y la frambuesa cristalizada…
de los cabellos rubios y balcones,
que desembarcan, entre las flores que cuida la familia…
entre esos tiempos sedosos que se desenredan en la plaza,
donde te desglosé esos versos, en racimos y besos.