Dos lunas.-

Isaías Súvel

Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
DOS LUNAS
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En mis catacumbas, negras, repulsivas,
allí, donde la muerte me quiere llevar,
a extraer el oro, que en sus diatribas,
luzca centelleante, como aura lunar.

O a extraer la lágrima que dejó caer,
la vida en prisiones de oscuridad,
prisiones cerradas a más no poder,
prisiones que saben a eternidad.

En esas prisiones un día pensé :
si hubieran dos lunas en la inmensidad,
la pena terrible de no volverte a ver,
bajo aquella única luna de cristal,
se apaciguaría en medio de mí,
pues otra maravilla como la que vi,
estaría a mano, sanando mi mal.

Quizá otra nube aún más carmesí,
tal vez otro perfume que el aire sustenta,
para borrar de mi alma, así como así,
el recuerdo vivo que llevo en mis venas.

Son cadenas negras que al aire sorprenden,
éstas negras cadenas que me atan a ti,
negras más que el hueco tallado en la piedra,
negras más que el manto de una viuda bella,
negras más que el viento de esa noche negra,
trayendo las nubes que esconden la estrella,
que a tus ojos claros hacen centellear,
e inquietan mi ser cual nave indefensa,
que sortea las olas furiosas del mar.


Negras porque infames me tienen aquí,

en letargo hundido esperando así,
con tristeza muda que aún no tiene cura,
ansiando la gloria que escondió el tiempo,
de perderme suave en tu niña oscura,
espejo de tu alma que yo veo allí.

Y negras como el túnel de tu boca pura,
de la cual yo espero, en espera dura,
que un día amor, me digas por fin.

Por esto en altar tengo tu memoria,
imborrable, impertérrita, sorteando el vaivén,
de ésta vida ingrata, azarosa, impura,
que quizá mi amor quisiera también.


Dos lunas quisiera que hubieran aquí,
bañada por el aire, la luz y las sombras
y arrancar de mi alma, clavada y presa, así,
el dolor terrible de ésta catacumba.


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Última edición:
Hay que quitarle una luna a marte, estimado Isaías, para que las fases lunares se turnen y así poder apreciar en todo momento, en esta oscuridad, una lluvia de cucuyos titilantes en los senderos escarpados, escape de las catacumbas. Ha sido un deleite pasar por este escrito.

Un cordial saludo

Andi
 
Hay que quitarle una luna a marte, estimado Isaías, para que las fases lunares se turnen y así poder apreciar en todo momento, en esta oscuridad, una lluvia de cucuyos titilantes en los senderos escarpados, escape de las catacumbas. Ha sido un deleite pasar por este escrito.

Un cordial saludo

Andi
Las fases lunares y los astros en general, obedecen o debieran obedecer a una perfecta sincronía en el cosmos y no a la dis-sincronía que casi siempre hay en nuestros corazones, lo que nos sume a todos en catacumbas dulcemente dolientes y horribles ...
 
DOS LUNAS
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En mis catacumbas, negras, repulsivas,
allí, donde la muerte me quiere llevar,
a extraer el oro, que en sus diatribas,
luzca centelleante, como aura lunar.
O a extraer la lágrima que dejó caer,
la vida en prisiones de oscuridad,
prisiones cerradas a más no poder,
prisiones que saben a eternidad.
En esas prisiones un día pensé :
si hubieran dos lunas en la inmensidad,
la pena terrible de no volverte a ver,
bajo aquella única luna de cristal,
se apaciguaría en medio de mí,
pues otra maravilla como la que vi,
estaría a mano, sanando mi mal.
Quizá otra nube aún más carmesí,
tal vez otro perfume que el aire sustenta,
para borrar de mi alma, así como así,
el recuerdo vivo que llevo en mis venas.
Son cadenas negras que al aire sorprenden,
éstas negras cadenas que me atan a ti,
negras más que el hueco tallado en la piedra,
negras más que el manto de una viuda bella,
negras más que el viento de esa noche negra,
trayendo las nubes que esconden la estrella,
que a tus ojos claros hacen centellear,
e inquietan mi ser cual nave indefensa,
que sortea las olas furiosas del mar.

Negras porque infames me tienen aquí,
en letargo hundido esperando así,
con tristeza muda que aún no tiene cura,
ansiando la gloria que escondió el tiempo,
de perderme suave en tu niña oscura,
espejo de tu alma que yo veo allí.
Y negras como el túnel de tu boca pura,
de la cual yo espero, en espera dura,
que un día amor, me digas por fin.
Por esto en altar tengo tu memoria,
imborrable, impertérrita, sorteando el vaivén,
de ésta vida ingrata, azarosa, impura,
que quizá mi amor quisiera también.


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Dos lunas quisiera que hubieran aquí,
bañada por el aire, la luz y las sombras
y arrancar de mi alma, clavada y presa, así,
el dolor terrible de ésta catacumba.


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Bello y algo angustioso, la eterna dualidad del placer y del sufrimiento en el amor se apropia de tus languidos versos. Somos estados de ánimo y todo puede cambiar en un segundo. Un abrazo amigo Isaías. Paco.
 

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