Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
PRIVILEGIO
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Tuve el privilegio de ver encadenar
en la prisión bendita de esos blancos pies
mi corazón ajeno que no sabía llorar
... ni sufrir desprecios
ni sabía gemir, ni beber las hieles
Ni pegar carteles
buscando tu nombre
Ni sabía tanto
de atardeceres lentos
de malas voluntades
ni de ráfagas grises de esas brisas malas
ni de huracanes recios
ni degustar malicias
de adversidades
ni del amor de un Dios en retroceso.
Que esto fue tan dulce como amargo,
bien lo se,
pues la canción del viento en el ciprés,
me trajo hedores de tres heridas claras
cual pudriéndose las tres
y también
cual olor de miel sin fenecer.
Pero tuve el privilegio de verte esa vez
y un abismo dulce con dolor pasé.
Y la vista hermosa del hombre y el pez,
ese de pasión sencilla de estrellas
me cantó canciones
... ¿Fue tu amor tal vez?
Y el aire cantaba.
Tal temas en boga de aquella estación,
que cantan las musas...ese es su don.
Ellas nunca sufren ... no tienen por qué,
su trabajo es solo, tener a sus pies,
el viento travieso, que quisiera ver,
más allá del campo que es verde otra vez.
Ellas solo ríen, soy testigo fiel,
en su mundo obtuso donde el arrebol,
de esas pocas nubes que les saben a miel.
Más amor es cierto, contigo aprendí,
otra melodía de aquella canción,
!oh! es ese abismo hermoso de la creación.
Y siempre me separo para verte a ti
... y aunque en aguas santas otro nombre venga
y mi amor inquieto por un rato tenga,
en mi soledad siempre pienso así,
que tú estás con otro y no se de mí.
Privilegio dulce de saber amar,
privilegio enorme de esperar por ti
y privilegio amargo de poder llorar.
&&&&&&
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Tuve el privilegio de ver encadenar
en la prisión bendita de esos blancos pies
mi corazón ajeno que no sabía llorar
... ni sufrir desprecios
ni sabía gemir, ni beber las hieles
Ni pegar carteles
buscando tu nombre
Ni sabía tanto
de atardeceres lentos
de malas voluntades
ni de ráfagas grises de esas brisas malas
ni de huracanes recios
ni degustar malicias
de adversidades
ni del amor de un Dios en retroceso.
Que esto fue tan dulce como amargo,
bien lo se,
pues la canción del viento en el ciprés,
me trajo hedores de tres heridas claras
cual pudriéndose las tres
y también
cual olor de miel sin fenecer.
Pero tuve el privilegio de verte esa vez
y un abismo dulce con dolor pasé.
Y la vista hermosa del hombre y el pez,
ese de pasión sencilla de estrellas
me cantó canciones
... ¿Fue tu amor tal vez?
Y el aire cantaba.
Tal temas en boga de aquella estación,
que cantan las musas...ese es su don.
Ellas nunca sufren ... no tienen por qué,
su trabajo es solo, tener a sus pies,
el viento travieso, que quisiera ver,
más allá del campo que es verde otra vez.
Ellas solo ríen, soy testigo fiel,
en su mundo obtuso donde el arrebol,
de esas pocas nubes que les saben a miel.
Más amor es cierto, contigo aprendí,
otra melodía de aquella canción,
!oh! es ese abismo hermoso de la creación.
Y siempre me separo para verte a ti
... y aunque en aguas santas otro nombre venga
y mi amor inquieto por un rato tenga,
en mi soledad siempre pienso así,
que tú estás con otro y no se de mí.
Privilegio dulce de saber amar,
privilegio enorme de esperar por ti
y privilegio amargo de poder llorar.
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