Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
En el ciruelo cargado de rubíes dulces,
quedo grabado tu nombre junto al mío,
como testigo de un cielo ya ganado,
como atalaya de un tiempo que se fue.
Teníamos quince años y un poema,
aquella tarde que jugabamos a amarnos
cuando cortabas maravillas de sus ramas
y embebias mis labios en tus labios.
Quince años y un poema entre las manos,
de inocente amor de niños inocentes,
rojas las ciruelas en la boca,
de pasiones contenidas en la sangre,
del calor de mi cuerpo detenido
pero ansioso tan ansioso por mirarte.
Teníamos quince años y en la cesta
los frutos del ciruelo alto,
tan rojos como tus mejillas,
tan rojos como mis deseos.
En el grabamos nuestros nombres
como promesa de amor adolescente,
por el beso eterno que nos dimos,
de ciruela jugosa en nuestro antojo,
bajo la sombra del ciruelo rojo,
teníamos tan solo quince años.
quedo grabado tu nombre junto al mío,
como testigo de un cielo ya ganado,
como atalaya de un tiempo que se fue.
Teníamos quince años y un poema,
aquella tarde que jugabamos a amarnos
cuando cortabas maravillas de sus ramas
y embebias mis labios en tus labios.
Quince años y un poema entre las manos,
de inocente amor de niños inocentes,
rojas las ciruelas en la boca,
de pasiones contenidas en la sangre,
del calor de mi cuerpo detenido
pero ansioso tan ansioso por mirarte.
Teníamos quince años y en la cesta
los frutos del ciruelo alto,
tan rojos como tus mejillas,
tan rojos como mis deseos.
En el grabamos nuestros nombres
como promesa de amor adolescente,
por el beso eterno que nos dimos,
de ciruela jugosa en nuestro antojo,
bajo la sombra del ciruelo rojo,
teníamos tan solo quince años.
Última edición: