Fernando Oviedo
Mirando el cenit de hace medio día.
Luego de atragantos de deliciosas parras y sus vientos laxos, me gustan sus apocopes de trancos y sus contrahuellas giradas a tres semas, quizás el horizonte habrá que moverlo tras el sol y sus birlos del final de la tarde, vientecillos escurridos en sol y sombra a jugar con cabellos tejidos, a adular los mansos pensamientos, de chaska preñada de tanto mirarla, de aromas embebidos en sutil pliegue de comisura y sus discursos de vaho, ¿habéis oído acaso el susurro en medio de los revuelcos de brisas? rocadas y mirillas han añadido sus brillos al lienzo de cirrus, otra vez las parras y su laxos vientos, de zarcillos y sus atragantos.
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