Tobare
Poeta recién llegado
Llevaba un buen tiempo deambulando entre pálidas sombras,
recogiendo escombros repartidos entre derrumbados edificios.
Nada quería saber yo de claveles o violines,
hace rato que había renunciado a presenciar
un ir y venir de amaneceres dormidos,
y la poesía...
¡pff!
¿la poesía?
ella reposaba muerta dentro de apolillados ataúdes.
Mendigaba yo sentado y vacío en medio de la noche incorregible.
Entonces me sincero:
aunque jamás soñara con el llegar de alguna de tus acrobacias
para que se fracturase el cielo
bastó tan solo una de tus miradas.
De ahí para adelante,
el resto de la historia transcurrió inevitable
y nuestros cuerpos se fusionaron en una sola melodía.
Entonces,
sin tener del todo claro el cómo ni cuándo ni dónde,
todo volvió a nacer de nuevo:
tan así que en mi mapa aparecieron
dedos enlazados,
mundos extinguidos,
candentes rosas
donde el sol no llega,
miradas subterráneas
en medio de universos solitarios,
muslos burlándose del frío,
ríos de labios, de pelvis o de uñas,
dedos cavando surcos,
trazando trayectorias,
dilucidando dérmicos horizontes,
de pliegues u ombligos,
jadeos o vapores,
de bocas entreabiertas
entre amígdalas secretas
y lenguas solidarias,
caricias susurradas
capaces de conquistar
tímidos continentes.
Todo,
todo contigo ha nacido nuevamente.
recogiendo escombros repartidos entre derrumbados edificios.
Nada quería saber yo de claveles o violines,
hace rato que había renunciado a presenciar
un ir y venir de amaneceres dormidos,
y la poesía...
¡pff!
¿la poesía?
ella reposaba muerta dentro de apolillados ataúdes.
Mendigaba yo sentado y vacío en medio de la noche incorregible.
Entonces me sincero:
aunque jamás soñara con el llegar de alguna de tus acrobacias
para que se fracturase el cielo
bastó tan solo una de tus miradas.
De ahí para adelante,
el resto de la historia transcurrió inevitable
y nuestros cuerpos se fusionaron en una sola melodía.
Entonces,
sin tener del todo claro el cómo ni cuándo ni dónde,
todo volvió a nacer de nuevo:
tan así que en mi mapa aparecieron
dedos enlazados,
mundos extinguidos,
candentes rosas
donde el sol no llega,
miradas subterráneas
en medio de universos solitarios,
muslos burlándose del frío,
ríos de labios, de pelvis o de uñas,
dedos cavando surcos,
trazando trayectorias,
dilucidando dérmicos horizontes,
de pliegues u ombligos,
jadeos o vapores,
de bocas entreabiertas
entre amígdalas secretas
y lenguas solidarias,
caricias susurradas
capaces de conquistar
tímidos continentes.
Todo,
todo contigo ha nacido nuevamente.
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