Única elegía de octubre - II

Lucevelio

Surrealismo, realismo, terror.
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Moderador enseñante
Entre amaneceres y amaneceres hubo unos tantos
que acarrearon lunas pasadas sin dureza; y este, en particular, a partir de ayer, dará cabida
para la nostalgia y el suspiro abisal.

Es difícil hablar del amor en pasado cuando los dolores
se derraman como ráfaga, aunque así es preciso ajustarnos
a los tiempos, a las condiciones.

Ella golpeó con el astro de la última noche, y es la indispensable
para ordenar la vida, su tantáculo o guadaña para el abrojo
o plato que magnifica la mesa. Su pasar es un pesar por excelencia.

No recoje nuestros huesos, no los barre ni los amontona,
solo libera el llamado a nuestros oídos hasta habituarnos con propiedad, apareciendo
con la periferia que divide al día en dos horas
y
darnos el chance para despedirnos.

Así como el orégano, es intenso;
y natural como el despecho cuando cesa el amor.
Hay que saber notarla,
porque no podemos destituir su reglamento,
pero sí aliviarla, accidentalmente, desatándonos en la vida.
 
Entre amaneceres y amaneceres hubo unos tantos
que acarrearon lunas pasadas sin dureza; y este, en particular, a partir de ayer, dará cabida
para la nostalgia y el suspiro abisal.

Es difícil hablar del amor en pasado cuando los dolores
se derraman como ráfaga, aunque así es preciso ajustarnos
a los tiempos, a las condiciones.

Ella golpeó con el astro de la última noche, y es la indispensable
para ordenar la vida, su tantáculo o guadaña para el abrojo
o plato que magnifica la mesa. Su pasar es un pesar por excelencia.

No recoje nuestros huesos, no los barre ni los amontona,
solo libera el llamado a nuestros oídos hasta habituarnos con propiedad, apareciendo
con la periferia que divide al día en dos horas
y
darnos el chance para despedirnos.

Así como el orégano, es intenso;
y natural como el despecho cuando cesa el amor.
Hay que saber notarla,
porque no podemos destituir su reglamento,
pero sí aliviarla, accidentalmente, desatándonos en la vida.
Genial, este poema. un fuerte abrazo.
 
Entre amaneceres y amaneceres hubo unos tantos
que acarrearon lunas pasadas sin dureza; y este, en particular, a partir de ayer, dará cabida
para la nostalgia y el suspiro abisal.

Es difícil hablar del amor en pasado cuando los dolores
se derraman como ráfaga, aunque así es preciso ajustarnos
a los tiempos, a las condiciones.

Ella golpeó con el astro de la última noche, y es la indispensable
para ordenar la vida, su tantáculo o guadaña para el abrojo
o plato que magnifica la mesa. Su pasar es un pesar por excelencia.

No recoje nuestros huesos, no los barre ni los amontona,
solo libera el llamado a nuestros oídos hasta habituarnos con propiedad, apareciendo
con la periferia que divide al día en dos horas
y
darnos el chance para despedirnos.

Así como el orégano, es intenso;
y natural como el despecho cuando cesa el amor.
Hay que saber notarla,
porque no podemos destituir su reglamento,
pero sí aliviarla, accidentalmente, desatándonos en la vida.

Me ha gustado, vivir cada instante de amor profundamente, un día tal vez haya acabado, pero los tuétanos han quedado impregnados de su olor a fe, recibe un caluroso saludo mañanero.
 
Entre amaneceres y amaneceres hubo unos tantos
que acarrearon lunas pasadas sin dureza; y este, en particular, a partir de ayer, dará cabida
para la nostalgia y el suspiro abisal.

Es difícil hablar del amor en pasado cuando los dolores
se derraman como ráfaga, aunque así es preciso ajustarnos
a los tiempos, a las condiciones.

Ella golpeó con el astro de la última noche, y es la indispensable
para ordenar la vida, su tantáculo o guadaña para el abrojo
o plato que magnifica la mesa. Su pasar es un pesar por excelencia.

No recoje nuestros huesos, no los barre ni los amontona,
solo libera el llamado a nuestros oídos hasta habituarnos con propiedad, apareciendo
con la periferia que divide al día en dos horas
y
darnos el chance para despedirnos.

Así como el orégano, es intenso;
y natural como el despecho cuando cesa el amor.
Hay que saber notarla,
porque no podemos destituir su reglamento,
pero sí aliviarla, accidentalmente, desatándonos en la vida.

Un placer degustar tan excelentes letras... inspiran en verdad. Enhorabuena Maestro Lucevelio. Un cordial saludo, que pase una estupenda semana.
 
Entre amaneceres y amaneceres hubo unos tantos
que acarrearon lunas pasadas sin dureza; y este, en particular, a partir de ayer, dará cabida
para la nostalgia y el suspiro abisal.

Es difícil hablar del amor en pasado cuando los dolores
se derraman como ráfaga, aunque así es preciso ajustarnos
a los tiempos, a las condiciones.

Ella golpeó con el astro de la última noche, y es la indispensable
para ordenar la vida, su tantáculo o guadaña para el abrojo
o plato que magnifica la mesa. Su pasar es un pesar por excelencia.

No recoje nuestros huesos, no los barre ni los amontona,
solo libera el llamado a nuestros oídos hasta habituarnos con propiedad, apareciendo
con la periferia que divide al día en dos horas
y
darnos el chance para despedirnos.

Así como el orégano, es intenso;
y natural como el despecho cuando cesa el amor.
Hay que saber notarla,
porque no podemos destituir su reglamento,
pero sí aliviarla, accidentalmente, desatándonos en la vida.


Vivir cualqier elemento al maximo, es cierto que en algunas
ocasiones se nos pierde. desear amor y notar que todo al
maximo se agolpa en esas infinitas ondas de la posibilidad.
excelente. saludos amables de luzyabsenta
 

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