Fue en ese mar...

alberthy

Poeta adicto al portal
Son avasallantes esos besos de sirena
no me quejo de tú cuerpo que hoy me quema,
Son tus manos que me gritan soy tu reina
y que añoran mis caricias en la arena.

Fue esa tarde inquieta y en cadencia
qué tu manto me encendía la cadera,
y que a cada paso me gritabas sin clemencia
en las olas que miran tu silueta.

Fue ese mar presagio, que locura
Con ese sol ardiente sin soltura
qué quemaba nuestros cuerpos sin mesura,
tú me elevas y me matas sin holgura.
 
es un placer estar navegando entre tus versos, encantada de leer y disfrutar ttu bello y sentido poema.
Un gran abrazo y mis saludos cordiales.
 
Son avasallantes esos besos de sirena
no me quejo de tú cuerpo que hoy me quema,
Son tus manos que me gritan soy tu reina
y que añoran mis caricias en la arena.

Fue esa tarde inquieta y en cadencia
qué tu manto me encendía la cadera,
y que a cada paso me gritabas sin clemencia
en las olas que miran tu silueta.

Fue ese mar presagio, que locura
Con ese sol ardiente sin soltura
qué quemaba nuestros cuerpos sin mesura,
tú me elevas y me matas sin holgura.
Bella y romántica escena dibujas con tus sensibles versos, el mar, el amor y tus hermosas palabras amigo alberthy. Un abrazo. Paco.
 
Son avasallantes esos besos de sirena
no me quejo de tú cuerpo que hoy me quema,
Son tus manos que me gritan soy tu reina
y que añoran mis caricias en la arena.

Fue esa tarde inquieta y en cadencia
qué tu manto me encendía la cadera,
y que a cada paso me gritabas sin clemencia
en las olas que miran tu silueta.

Fue ese mar presagio, que locura
Con ese sol ardiente sin soltura
qué quemaba nuestros cuerpos sin mesura,
tú me elevas y me matas sin holgura.
Mar y arena, locura y suavidad en esas onduladas
formas donde se mezcla amor y sutil sensualidad.
todo entre un crepusculo de la bella imagen
general del poema. saludos amables.
bellissimo. luzyabsenta
 
Son avasallantes esos besos de sirena
no me quejo de tú cuerpo que hoy me quema,
Son tus manos que me gritan soy tu reina
y que añoran mis caricias en la arena.

Fue esa tarde inquieta y en cadencia
qué tu manto me encendía la cadera,
y que a cada paso me gritabas sin clemencia
en las olas que miran tu silueta.

Fue ese mar presagio, que locura
Con ese sol ardiente sin soltura
qué quemaba nuestros cuerpos sin mesura,
tú me elevas y me matas sin holgura.

Bellamente dibujando ese cálido y sensual momento.
El poema con gran ritmo va empujando entre tus versos.
Saludos
 

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