Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
TE BUSCO
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Te busco,
hurgando en los escondrijos del silencio,
en lo empinado de la soledad lejana,
y en el oscuro rubí de diez ventanas,
las que engastaron con lenguaje recio.
Y les pusieron como fiel retoque,
los ojos puntiagudos de las rosas,
como a esas que engalanan varias cosas,
incluso a esas que permiten que las toques.
Te busco en la escarpada falda de los cerros,
aquellas que curiosas bajan a los valles,
aquellas que no pueden tocar las calles,
en las que juegan como niños los perros.
Te busco en la frialdad dichosa,
que besa los pies de los pingüinos,
pues sabe que es el único camino,
que sustenta su animalidad preciosa.
Te busco en el ardor violento de las llamas,
en ese crepitar tan deleitoso,
donde bailan y juegan muy ansiosos,
los cuerpos de los corderos sin sus lanas.
Te busco en el fondo del lavabo,
ahí donde los jabones se han dormido,
en un sueño oscuro y desabrido,
con el pelo sucio y desgreñado.
Te busco en esas miradas duras,
de mis enemigos más rotundos,
los que guardan los rencores más profundos
y el azabache es solo una mancha oscura.
Te busco en los fuertes remolinos,
en las trombas donde el agua se emborracha
y en los tornados de los polvos en sus rachas,
que es de ellos su inexorable destino.
Te busco en aquellas distancias,
donde los platívolos no han llegado,
ni siquiera aquellos que han lanzado,
las iras de unas celopáticas fragancias.
Y te busco también donde no hay luz,
donde nadie todavía ha arribado,
donde solamente han navegado,
las barcas desnudas de Jesús.
Y hasta ahora no he podido encontrarte,
quizá es porque bien no te he buscado,
... y es que dentro de mi pecho no he mirado,
... y es porque duermes y no he querido molestarte.
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Te busco,
hurgando en los escondrijos del silencio,
en lo empinado de la soledad lejana,
y en el oscuro rubí de diez ventanas,
las que engastaron con lenguaje recio.
Y les pusieron como fiel retoque,
los ojos puntiagudos de las rosas,
como a esas que engalanan varias cosas,
incluso a esas que permiten que las toques.
Te busco en la escarpada falda de los cerros,
aquellas que curiosas bajan a los valles,
aquellas que no pueden tocar las calles,
en las que juegan como niños los perros.
Te busco en la frialdad dichosa,
que besa los pies de los pingüinos,
pues sabe que es el único camino,
que sustenta su animalidad preciosa.
Te busco en el ardor violento de las llamas,
en ese crepitar tan deleitoso,
donde bailan y juegan muy ansiosos,
los cuerpos de los corderos sin sus lanas.
Te busco en el fondo del lavabo,
ahí donde los jabones se han dormido,
en un sueño oscuro y desabrido,
con el pelo sucio y desgreñado.
Te busco en esas miradas duras,
de mis enemigos más rotundos,
los que guardan los rencores más profundos
y el azabache es solo una mancha oscura.
Te busco en los fuertes remolinos,
en las trombas donde el agua se emborracha
y en los tornados de los polvos en sus rachas,
que es de ellos su inexorable destino.
Te busco en aquellas distancias,
donde los platívolos no han llegado,
ni siquiera aquellos que han lanzado,
las iras de unas celopáticas fragancias.
Y te busco también donde no hay luz,
donde nadie todavía ha arribado,
donde solamente han navegado,
las barcas desnudas de Jesús.
Y hasta ahora no he podido encontrarte,
quizá es porque bien no te he buscado,
... y es que dentro de mi pecho no he mirado,
... y es porque duermes y no he querido molestarte.
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