Maite Aranguren
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me tumbo en la arena, para mirar hacia lo alto,
silueta grabada, cincelada por el grano,
sosteniendo estrellas, cinco dedos, una mano,
esperando me lleven, al frío y gris asfalto
Un perfil encorvado, tras el último asalto,
queda un hueco en el suelo, con el fin del verano,
envejecen recuerdos, al calor del solano,
rellenarán bravas olas, el pozo, si falto
Lo cubrirán las conchas y caracolas bellas,
empujadas por olas de la orilla del alma,
encontrarás en la espuma las hadas, doncellas,
algodonando el camino, losando la calma,
tus ojos son agua sobre las rocas aquéllas,
que dieron refugio al tacto suave de tu palma
silueta grabada, cincelada por el grano,
sosteniendo estrellas, cinco dedos, una mano,
esperando me lleven, al frío y gris asfalto
Un perfil encorvado, tras el último asalto,
queda un hueco en el suelo, con el fin del verano,
envejecen recuerdos, al calor del solano,
rellenarán bravas olas, el pozo, si falto
Lo cubrirán las conchas y caracolas bellas,
empujadas por olas de la orilla del alma,
encontrarás en la espuma las hadas, doncellas,
algodonando el camino, losando la calma,
tus ojos son agua sobre las rocas aquéllas,
que dieron refugio al tacto suave de tu palma
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