El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
Fue en la noche de los muertos cuando ella me dejó,
íbamos a ser los Addams y mi Morticia voló.
A dos horas de la fiesta, con el disfraz ya comprado,
no dudó en ir a elegir mi día mas señalado.
Así que Gómez fue solo a un concurso ya perdido
pensando que me habían dado donde mas me había dolido.
Fue entonces cuando la vi con su triste deambular.
¡qué atormentada existencia, cómo vivía el disfraz!.
Destilaba decadencia y a la gente se acercaba
rogándoles con vehemencia que su cuerpo sepultaran.
No hizo falta presentarme, su mano tomó mi mano
tan fría como su aliento de un tétrico olor malsano.
Aceptó ser mi pareja mas no antes de hacer jura
de que antes de la doce le daría sepultura.
¡Qué triunfante entrada hicimos!, el runrún de todo el mundo,
yo iba emanando elegancia, ella ese hedor nauseabundo.
Bailar no bailaba mucho pero se convulsionaba
y entre ahogados estertores sus grises ojos giraba.
La gente enfervorecida le pedía mas y mas
y ella presa de su ataque no se hacía de rogar.
Fue la reina de la fiesta y yo un bulto sospechoso,
no supe estar a la altura de su lado tenebroso.
El tiempo fue transcurriendo hasta dar la medianoche
y entre vítores y aplausos a su actuación puso el broche.
En putrefactos jirones su carne se desprendió,
sólo quedó su esqueleto el cual a hombros salió.
Como es lógico ganamos aunque el mérito fue suyo,
ella fue la gran estrella, yo como siempre el capullo.
íbamos a ser los Addams y mi Morticia voló.
A dos horas de la fiesta, con el disfraz ya comprado,
no dudó en ir a elegir mi día mas señalado.
Así que Gómez fue solo a un concurso ya perdido
pensando que me habían dado donde mas me había dolido.
Fue entonces cuando la vi con su triste deambular.
¡qué atormentada existencia, cómo vivía el disfraz!.
Destilaba decadencia y a la gente se acercaba
rogándoles con vehemencia que su cuerpo sepultaran.
No hizo falta presentarme, su mano tomó mi mano
tan fría como su aliento de un tétrico olor malsano.
Aceptó ser mi pareja mas no antes de hacer jura
de que antes de la doce le daría sepultura.
¡Qué triunfante entrada hicimos!, el runrún de todo el mundo,
yo iba emanando elegancia, ella ese hedor nauseabundo.
Bailar no bailaba mucho pero se convulsionaba
y entre ahogados estertores sus grises ojos giraba.
La gente enfervorecida le pedía mas y mas
y ella presa de su ataque no se hacía de rogar.
Fue la reina de la fiesta y yo un bulto sospechoso,
no supe estar a la altura de su lado tenebroso.
El tiempo fue transcurriendo hasta dar la medianoche
y entre vítores y aplausos a su actuación puso el broche.
En putrefactos jirones su carne se desprendió,
sólo quedó su esqueleto el cual a hombros salió.
Como es lógico ganamos aunque el mérito fue suyo,
ella fue la gran estrella, yo como siempre el capullo.