Fernando Oviedo
Mirando el cenit de hace medio día.
Andando al borde del camino y la belleza inexorable de su destino:
De elevada melodía, de apoyos, de grietas, de reflejos, de listones de barra, engullendo choclillos y quesillos y panecillos y más, asomará frontal como varianza de opuestos cerillos largos, introito de treta de libreto, como riquísimo embrollo quebrado, a remostar pareados, sobre surcos enhebrados en literas de carretón, en bardo oscuro, en aclaradas hebrillas, salido de fragancia bullanguera, como mirando redondo, como gritando sus tempestades entre imaginados báculos e insertos de ocasión lúdica, entradito va, hacia miradita sonrojada, eras dos momentos; ahora queda una, labrada en cielo nocturno con brillo de marras: ¿Qué si queda eternidad?
De elevada melodía, de apoyos, de grietas, de reflejos, de listones de barra, engullendo choclillos y quesillos y panecillos y más, asomará frontal como varianza de opuestos cerillos largos, introito de treta de libreto, como riquísimo embrollo quebrado, a remostar pareados, sobre surcos enhebrados en literas de carretón, en bardo oscuro, en aclaradas hebrillas, salido de fragancia bullanguera, como mirando redondo, como gritando sus tempestades entre imaginados báculos e insertos de ocasión lúdica, entradito va, hacia miradita sonrojada, eras dos momentos; ahora queda una, labrada en cielo nocturno con brillo de marras: ¿Qué si queda eternidad?
Última edición: