Hoy percibí un aroma,
y ese aroma me trajo tu recuerdo,
eras tú diluida en el silencio,
y la penumbra de mi apartamento.
Te aspire suavemente,
y te sentí recorrer mi cuerpo;
eras la sangre que entraba
a mi cerebro.
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Deshojada la flor que poseía,
Ya anhelaba encontrar la calma.
En su rostro se dibujaba al mirar
La expresión del dolor que maldecía,
Del que ya nunca se podría escapar.