Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
DIME
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Dime que un poco, un tanto más cerca,
cada día de ti,
está ese aire impuro, que ayer de mi pecho,
un poco deshecho, un poco inconcluso,
de respirar hondo; firme, satisfecho,
ya con menos fuerza, ya sin entereza,
yo lo despedí.
Ese aire que a fuerza, de entrar por costumbre,
y darme la vida, que es muerte servida,
si no estás aquí.
Dime dulce amor, que tocó tu cara,
tus dedos, tu pelo
y te llevó mensajes, de paz y de celo,
de espinas clavadas, de sangre estancada,
y de cerrado velo,
que nunca ésta vida, podrá más abrir,
sino para ti.
Dime por favor, que te acarició,
te entibió la tarde, lenta y cansada,
esa que te ardió,
en tu espalda suave, en tu pecho bueno,
en tu gran candor
y en tus ojos claros, fijos y serenos,
que esconden el llanto,
del vil desamor.
Dime que tan fresco, ya purificado,
por esa tu huella,
ha dejado huella de mi indigno amor.
Dime que la tierra que a tu planta besa
y tiene la certeza de tu caminar;
no te causa daño, con esos guijarros,
que los perros pisan y que los gorriones,
siempre esquivarán.
Dime que la noche, negra y extraviada,
de la luz colmada del sol estival;
no provoca horrores, miedo y sin sabores,
a tu claro sueño,
de que eres el dueño de un amor sin mal.
Esos que ésta vida, nunca nos promete
y tampoco brinda, muy a su pesar.
Dime amor que eres, feliz en tu vida,
tranquila y repleta,
de la paz del viento, del amor del agua,
del sostén del polvo y de la llamarada,
de la luz solar;
que ilumina tu ida, tus pasos señeros,
esos que yo quiero, que en su caminar;
encuentren la ruta, a mi pobre alma,
que ya languidece,
de tanto esperar.
Y si esa tu dicha está en esos vientos,
te digo contento,
que esos cuatro vientos, han muy bien guardado,
mi infantil soñar;
entre nubes blancas, lilas y de ensueño,
mi vida morada, mi vuelo constante,
mi rubor ardiente,
en tu caminar.
En tu estampa viva, en tu ojos mansos
y en lo ensortijado de aquel tu peinar.
Hasta que despiertes de esos viles sueños,
en brazos horribles, tétricos y plomos,
de tu mal amar;
y luego me mires y yo pueda entonces,
por fin respirar.
Dime que el mañana, cuando estemos juntos
serán míos tus pasos donde quiera vayas
en tu caminar;
y luego que vuelvas de esas tus distancias otro beso tuyo
me hará respirar
Mira que mi pecho contigo camina y si no lo cuidas
por esos senderos, en un entrevero
se puede extraviar
Y qué haría vida sin ése mi pecho, si solo a tu lado
sabe palpitar
Que infeliz sería sin ese mi pecho, pues no tengo otro
Y estaría solo viviendo en silencio
sin respiración
y tendría luego yo que disponerme en penosa búsqueda
de mi corazón
Y en esos senderos hay perros muy bravos y heladas noches
y vientos eléctricos con cerradas nubes
en un vendaval
y los grillos muerden, tan gigantes grillos
y lanzan luciérnagas, gigantes luciérnagas
relámpagos tristes, haces de desprecios
esas luces tóxicas
de pasión carnal
Y sus vigilantes forjaron barrotes
calabozos tétricos
a mi palpitar
pero las ganzúas de mi amor de fuego
ya las abrirá
Por lo tanto dime, dime dulce sueño,
Dios de mi almohada, Jesús de mi historia
que con tu retorno se abrirá por fin
la floresta entera
llenando el aire de aquellos aromas
que copian el tuyo, el de tu sonrisa
que es más que un cantar
Y en aquella paz
mirando de frente a Dios a los ojos
que están en los bordes, moradas siluetas
de todos los montes
prensadas tus manos aquí con las mías
podré yo libar
los labios más dulces que podré tocar
Dime amor que un día, en un claro día,
aquí junto a mí,
te podré amar.
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Dime que un poco, un tanto más cerca,
cada día de ti,
está ese aire impuro, que ayer de mi pecho,
un poco deshecho, un poco inconcluso,
de respirar hondo; firme, satisfecho,
ya con menos fuerza, ya sin entereza,
yo lo despedí.
Ese aire que a fuerza, de entrar por costumbre,
y darme la vida, que es muerte servida,
si no estás aquí.
Dime dulce amor, que tocó tu cara,
tus dedos, tu pelo
y te llevó mensajes, de paz y de celo,
de espinas clavadas, de sangre estancada,
y de cerrado velo,
que nunca ésta vida, podrá más abrir,
sino para ti.
Dime por favor, que te acarició,
te entibió la tarde, lenta y cansada,
esa que te ardió,
en tu espalda suave, en tu pecho bueno,
en tu gran candor
y en tus ojos claros, fijos y serenos,
que esconden el llanto,
del vil desamor.
Dime que tan fresco, ya purificado,
por esa tu huella,
ha dejado huella de mi indigno amor.
Dime que la tierra que a tu planta besa
y tiene la certeza de tu caminar;
no te causa daño, con esos guijarros,
que los perros pisan y que los gorriones,
siempre esquivarán.
Dime que la noche, negra y extraviada,
de la luz colmada del sol estival;
no provoca horrores, miedo y sin sabores,
a tu claro sueño,
de que eres el dueño de un amor sin mal.
Esos que ésta vida, nunca nos promete
y tampoco brinda, muy a su pesar.
Dime amor que eres, feliz en tu vida,
tranquila y repleta,
de la paz del viento, del amor del agua,
del sostén del polvo y de la llamarada,
de la luz solar;
que ilumina tu ida, tus pasos señeros,
esos que yo quiero, que en su caminar;
encuentren la ruta, a mi pobre alma,
que ya languidece,
de tanto esperar.
Y si esa tu dicha está en esos vientos,
te digo contento,
que esos cuatro vientos, han muy bien guardado,
mi infantil soñar;
entre nubes blancas, lilas y de ensueño,
mi vida morada, mi vuelo constante,
mi rubor ardiente,
en tu caminar.
En tu estampa viva, en tu ojos mansos
y en lo ensortijado de aquel tu peinar.
Hasta que despiertes de esos viles sueños,
en brazos horribles, tétricos y plomos,
de tu mal amar;
y luego me mires y yo pueda entonces,
por fin respirar.
Dime que el mañana, cuando estemos juntos
serán míos tus pasos donde quiera vayas
en tu caminar;
y luego que vuelvas de esas tus distancias otro beso tuyo
me hará respirar
Mira que mi pecho contigo camina y si no lo cuidas
por esos senderos, en un entrevero
se puede extraviar
Y qué haría vida sin ése mi pecho, si solo a tu lado
sabe palpitar
Que infeliz sería sin ese mi pecho, pues no tengo otro
Y estaría solo viviendo en silencio
sin respiración
y tendría luego yo que disponerme en penosa búsqueda
de mi corazón
Y en esos senderos hay perros muy bravos y heladas noches
y vientos eléctricos con cerradas nubes
en un vendaval
y los grillos muerden, tan gigantes grillos
y lanzan luciérnagas, gigantes luciérnagas
relámpagos tristes, haces de desprecios
esas luces tóxicas
de pasión carnal
Y sus vigilantes forjaron barrotes
calabozos tétricos
a mi palpitar
pero las ganzúas de mi amor de fuego
ya las abrirá
Por lo tanto dime, dime dulce sueño,
Dios de mi almohada, Jesús de mi historia
que con tu retorno se abrirá por fin
la floresta entera
llenando el aire de aquellos aromas
que copian el tuyo, el de tu sonrisa
que es más que un cantar
Y en aquella paz
mirando de frente a Dios a los ojos
que están en los bordes, moradas siluetas
de todos los montes
prensadas tus manos aquí con las mías
podré yo libar
los labios más dulces que podré tocar
Dime amor que un día, en un claro día,
aquí junto a mí,
te podré amar.
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