Al abrigo de la noche
andando va una muchacha,
tiene los ojos brillantes
y en sus mejillas dos lágrimas.
Lenta la llevan sus pasos
con la frente cabizbaja
y en la torre de la iglesia,
por ella doblan campanas.
¡Ay que pena
en su alma coronada!
Tiembla la luna en el río
que rizado pasa y pasa
besando la oscura hiedra
al aire de madrugada.
Respiró aire de estrellas
y se bañó entre fragancias
mas como el amor es ciego,
temblorosa lleva el alma.
¡Ay que pena
en su alma coronada!
Orgullosa ante el espejo
ella siempre se mostraba
y cimbreando figura
paseaba por la plaza.
Un mozuelo la cantó
un buen día y la lozana
atildada con mantilla,
sonrió a su mirada.
Él, con alma de demonio
de los que no llevan capa,
tan sólo vio su sonrisa
y el bailoteo de falda.
Ella, se abrió a sus ojos
ciega de amor y palabras
ignorando que en el canto
se ocultaban otras ganas.
Y al abrigo de la noche
andando va una muchacha,
tiene negros los cabellos
como negra tiene el alma.
¡Ay que pena
en su alma coronada!
Luis