Inventario-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Tanta dulzura habitaban sus palabras

este gesto lo desprecio una amargura

como de cartílago enorme suplanta en mí

la fascinación por lo poblado: se hincha

de natural obstinación la verde pradera

de lo alto: conforme a secreto la división

establezco. Mis fusiles no son del alma,

si acaso de un alma triste, pusilánime,

inventariada, llena de recodos húmedos

e insignes palabrerías. Hueca exaltación

de los hombres en sus erecciones particulares.

La noche alimenta un despojo, y yo,

soy un hueco enorme, inmenso, en el ascensor

invicto. Mi propia bilis diseño, ausculto

lentamente, las habitaciones del silencio:

ruidos atrapados en vomitivas canciones

sentimentales. Un rayo de esperanza

me sitúa en la latitud adecuada, miro fingir

tanto altivo y tanto humilde, en su escueto

recorrido de casa al fúnebre horario.

Mi estancia dictamina su proceloso imán.

A quién he de inventarme, que me mantenga

ocupado, día y noche, noche y día? Quema,

la manga sangrienta de un aturdido empleo.

Mis espaldas llenas están de noche y más noche,

como un cántaro repleto de sobrias mamposterías

verdes. Un alcalde me visita, una hembra me inquiere,

un interrogante blasfema, y yo parto

como si de arrancarme la flema se tratara.

©
 

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