… de esas teclas que trasnochan…
esas teclas, donde respira el jardín por las banderolas;
un compendio, de nuestros colores del valor…
… de oleajes de montaña tras los ojos;
un avión entre tus besos…
sortilegios del café…
panteras grises, reunidas en los efluvios de las ilusiones…
esenciales, de las guitarras del bosque…
De esos pájaros en ruletas de ciudad…
hiedra en pecho,
haba mágica entre las estrellas;
sol nuestro,
y razón en garganta de salamanquesa…
mientras venían escribiendo, esos horizontes tan rojos…
nos desarrugaron esos otoños, tan tiernos y sabrosos…
Tras sus voces,
los rompientes de la inspiración;
se incendian las caracolas,
entre las espumas del verbo.
Pongamos, que escribe el arado;
nuestro calor, desmenuzado, en el huerto hermano…
los rotuladores trepadores,
y los adagios colgantes, ajedrezados…
donde proclamamos,
no habrá en nosotros,
más elevada revolución
que la de continuar a su lado;
huidos de otra abundancia…
( a mis amigos y amigas).
esas teclas, donde respira el jardín por las banderolas;
un compendio, de nuestros colores del valor…
… de oleajes de montaña tras los ojos;
un avión entre tus besos…
sortilegios del café…
panteras grises, reunidas en los efluvios de las ilusiones…
esenciales, de las guitarras del bosque…
De esos pájaros en ruletas de ciudad…
hiedra en pecho,
haba mágica entre las estrellas;
sol nuestro,
y razón en garganta de salamanquesa…
mientras venían escribiendo, esos horizontes tan rojos…
nos desarrugaron esos otoños, tan tiernos y sabrosos…
Tras sus voces,
los rompientes de la inspiración;
se incendian las caracolas,
entre las espumas del verbo.
Pongamos, que escribe el arado;
nuestro calor, desmenuzado, en el huerto hermano…
los rotuladores trepadores,
y los adagios colgantes, ajedrezados…
donde proclamamos,
no habrá en nosotros,
más elevada revolución
que la de continuar a su lado;
huidos de otra abundancia…
( a mis amigos y amigas).