Bajo mi cama

El hombre del porsaco

Poeta recién llegado
Ya es la hora de acostarme, ya se acerca ese momento
y un espeso sudor frío cubre ya todo mi cuerpo.
Aunque pase de los treinta aún sigo sintiendo miedo
de ese vacío lugar entre la cama y el suelo.

El averno de mi infancia, el origen de mi insomnio,
escondite de mis monstruos, cobijo de mis demonios.
Yo sé bien que no es mi mente, ese espacio está habitado,
todo lo que en coloco amanece destrozado.

Sus mojados pies desnudos son huellas en la mañana
que me horrorizan al ver como rodean mi cama.
Oigo su respiración, siento el húmedo reptar,
sus huellas ya en mi piel son preludio a mi final.

Me ha enviado un cruel mensaje, lo dejó sobre la almohada,
el osito al que de niño con fuerza yo me agarraba.
Él fué quien se lo llevó, siempre me ha estado acechando,
es su forma de decirme que mi tiempo está acabando.

Su viscoso serpenteo se desliza por la manta
avanzando lentamente hasta aferrar mi garganta.
................................................................................
Su hermano lo encontró muerto, yacía bajo la cama
y en su mano fuertemente su viejo oso agarraba.
Vió en sus ojos la locura del trauma no superado,
la mano aferrada al cuello, sus desnudos pies mojados...
 
Ya es la hora de acostarme, ya se acerca ese momento
y un espeso sudor frío cubre ya todo mi cuerpo.
Aunque pase de los treinta aún sigo sintiendo miedo
de ese vacío lugar entre la cama y el suelo.

El averno de mi infancia, el origen de mi insomnio,
escondite de mis monstruos, cobijo de mis demonios.
Yo sé bien que no es mi mente, ese espacio está habitado,
todo lo que en coloco amanece destrozado.

Sus mojados pies desnudos son huellas en la mañana
que me horrorizan al ver como rodean mi cama.
Oigo su respiración, siento el húmedo reptar,
sus huellas ya en mi piel son preludio a mi final.

Me ha enviado un cruel mensaje, lo dejó sobre la almohada,
el osito al que de niño con fuerza yo me agarraba.
Él fué quien se lo llevó, siempre me ha estado acechando,
es su forma de decirme que mi tiempo está acabando.

Su viscoso serpenteo se desliza por la manta
avanzando lentamente hasta aferrar mi garganta.
................................................................................
Su hermano lo encontró muerto, yacía bajo la cama
y en su mano fuertemente su viejo oso agarraba.
Vió en sus ojos la locura del trauma no superado,
la mano aferrada al cuello, sus desnudos pies mojados...
Espacios donde la desolacion deja estallidos de
elementos que confabulan una historia elevada por
alimentos de desconcierto. poco a poco hasta que el
umbral de los sueños rompe todo. excelente.
saludos de luzyabsenta
 

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