Por norma y sensación,
ventanales de recompensas frutales…
la poesía en trenes de luz rítmica…
en las carteleras, los leopardos de la nieve…
las calles de itinerarios azules, que señalan lumbres mágicas…
de su tacto, el rubor, de caracolas de expresos;
pirotecnia diluida en otro bullicio de abismos…
nosotros,
que siempre regresamos,
tras cada arrastrar de orejas,
y escribir las botas;
tras dormitar en un diente,
atención de un brasero, de duendes rojos.
Tras cada juego de las espumas y los centauros….
Escaleras de naipes,
a los pies,
de la reina de las estrellas…
y esa melodía donde se bañaban los gatos;
esa melodía que derrite los tejados…
el flash de los colores más vistosos,
en su ciudad de los tranvías florecidos,
y los fluidos parques de las ilusiones…
el cuaderno,
con una pequeña deuda con nuestro tiempo;
y una luna de fantasías para las cordilleras…
entre las parcelas de asteriscos,
una estampida que estremece,
el desarrollo;
donde nos derrabamos a besos,
por las orillas del gran cigarro,
de los ajedrecistas.
ventanales de recompensas frutales…
la poesía en trenes de luz rítmica…
en las carteleras, los leopardos de la nieve…
las calles de itinerarios azules, que señalan lumbres mágicas…
de su tacto, el rubor, de caracolas de expresos;
pirotecnia diluida en otro bullicio de abismos…
nosotros,
que siempre regresamos,
tras cada arrastrar de orejas,
y escribir las botas;
tras dormitar en un diente,
atención de un brasero, de duendes rojos.
Tras cada juego de las espumas y los centauros….
Escaleras de naipes,
a los pies,
de la reina de las estrellas…
y esa melodía donde se bañaban los gatos;
esa melodía que derrite los tejados…
el flash de los colores más vistosos,
en su ciudad de los tranvías florecidos,
y los fluidos parques de las ilusiones…
el cuaderno,
con una pequeña deuda con nuestro tiempo;
y una luna de fantasías para las cordilleras…
entre las parcelas de asteriscos,
una estampida que estremece,
el desarrollo;
donde nos derrabamos a besos,
por las orillas del gran cigarro,
de los ajedrecistas.