Esa ciudad,
de mosaicos intimistas;
donde se lían cigarros,
y se enamoran de Violeta, los gatos.
Las calles sugieren la sonrisa de sus musas,
y al arrobamiento de tertulias café,
esos quetzales que se enredan entre las filigranas.
la luna que se queda,
recordándola,
inundando los croquis;
y se encuentra,
el dibujante,
desbordado de trapecios.
Las orillas vainilla,
de percusiones y palmeras….
Y allá donde el mar no tiene límites,
las ilusiones,
que regresan con las olas…
Así se arrima el hombre,
a las mesitas de la plaza,
anunciando esas musiquillas;
donde a coro,
se multiplican panales,
donde se enraíza la miel y el espíritu...
la belleza que florece,
donde se abre el poro humano,
en el desahogo del último tacto.
de mosaicos intimistas;
donde se lían cigarros,
y se enamoran de Violeta, los gatos.
Las calles sugieren la sonrisa de sus musas,
y al arrobamiento de tertulias café,
esos quetzales que se enredan entre las filigranas.
la luna que se queda,
recordándola,
inundando los croquis;
y se encuentra,
el dibujante,
desbordado de trapecios.
Las orillas vainilla,
de percusiones y palmeras….
Y allá donde el mar no tiene límites,
las ilusiones,
que regresan con las olas…
Así se arrima el hombre,
a las mesitas de la plaza,
anunciando esas musiquillas;
donde a coro,
se multiplican panales,
donde se enraíza la miel y el espíritu...
la belleza que florece,
donde se abre el poro humano,
en el desahogo del último tacto.