Manuel de Cilla
Poeta recién llegado
Por el bosque de robles
camina el moreno cojo,
viendo estrellas fugaces,
fugaces ante sus ojos.
Se tambalea cuando avanza,
camina poquito a poco,
y el silencio le abraza,
le da consejos sordos.
-Cuéntame viejas historias-
dice el moreno cojo,
y el silencio le responde,
con aullidos de rastrojos.
La gente le atropella,
por eso huye del asfalto,
su guarida es el bosque,
su cocina y su lavabo.
Sus mañanas son lentas,
sus noches de presidiario,
durmiendo a la intemperie,
lluvia en invierno, fuego en verano.
Su luenga barba
tapa la mugre de su rostro,
y sus pies descalzos,
dibujan grietas con desdoro.
Pero un día la aurora,
destapa su cuerpo muerto,
el bosque llora su pérdida
acompañada del silencio.
Las moscas que lo rodean
dejan el trabajo hecho,
y desde el cielo se escucha,
el graznido de los cuervos.
Su carne desaparece,
dejando a sus huesos solos,
y se pudre en la tierra,
se pudre el moreno cojo.
camina el moreno cojo,
viendo estrellas fugaces,
fugaces ante sus ojos.
Se tambalea cuando avanza,
camina poquito a poco,
y el silencio le abraza,
le da consejos sordos.
-Cuéntame viejas historias-
dice el moreno cojo,
y el silencio le responde,
con aullidos de rastrojos.
La gente le atropella,
por eso huye del asfalto,
su guarida es el bosque,
su cocina y su lavabo.
Sus mañanas son lentas,
sus noches de presidiario,
durmiendo a la intemperie,
lluvia en invierno, fuego en verano.
Su luenga barba
tapa la mugre de su rostro,
y sus pies descalzos,
dibujan grietas con desdoro.
Pero un día la aurora,
destapa su cuerpo muerto,
el bosque llora su pérdida
acompañada del silencio.
Las moscas que lo rodean
dejan el trabajo hecho,
y desde el cielo se escucha,
el graznido de los cuervos.
Su carne desaparece,
dejando a sus huesos solos,
y se pudre en la tierra,
se pudre el moreno cojo.