lesmo
Poeta veterano en el portal
La noche de la verdad
I
No se oculta la cruel desesperanza
al que ciego camina por la vida
olvidada su fe y enardecida
en su ebria ilusión la mente danza.
Y aunque pisando fuerte su pie avanza
aplasta la semilla, destruida,
pierde la potestad de dar la vida,
en polvo convertida su esperanza.
Prisionero irredento de la droga
la deriva le lleva a su destino
atrapado al extremo de una soga.
Es un mar turbulento su camino
que sus fuerzas consume y le ahoga
en vómito letal su desatino.
II
Lo inmundo de la vida, y lo que entraña,
va cerrando la puerta a la verdad,
de tal modo, que en esa oscuridad,
si se vive, es con treta y artimaña.
Ese cieno tan tibio, cuando baña,
procura al corazón comodidad,
y se adueña de toda voluntad,
anula la razón…, y solo engaña.
Al cabo, y al pasar algunos años,
se notan sentimientos tan extraños,
con tanta enemistad con los espejos,
que de ellos, entre un halo de mutismo,
saldrán de lo profundo de su abismo,
con muchas cicatrices, los reflejos;
mas, si éstos son los dejos
de un amor que susurra, y dice ¡entro!,
el alma acerrojada abre por dentro.
Autores, Maramin y lesmo
I
No se oculta la cruel desesperanza
al que ciego camina por la vida
olvidada su fe y enardecida
en su ebria ilusión la mente danza.
Y aunque pisando fuerte su pie avanza
aplasta la semilla, destruida,
pierde la potestad de dar la vida,
en polvo convertida su esperanza.
Prisionero irredento de la droga
la deriva le lleva a su destino
atrapado al extremo de una soga.
Es un mar turbulento su camino
que sus fuerzas consume y le ahoga
en vómito letal su desatino.
II
Lo inmundo de la vida, y lo que entraña,
va cerrando la puerta a la verdad,
de tal modo, que en esa oscuridad,
si se vive, es con treta y artimaña.
Ese cieno tan tibio, cuando baña,
procura al corazón comodidad,
y se adueña de toda voluntad,
anula la razón…, y solo engaña.
Al cabo, y al pasar algunos años,
se notan sentimientos tan extraños,
con tanta enemistad con los espejos,
que de ellos, entre un halo de mutismo,
saldrán de lo profundo de su abismo,
con muchas cicatrices, los reflejos;
mas, si éstos son los dejos
de un amor que susurra, y dice ¡entro!,
el alma acerrojada abre por dentro.
Autores, Maramin y lesmo