Camy
Camelia Miranda
Se descubre la noche,
con un ermitaño lucero en su manto;
es señal en mi vitral,
es caricia de la brisa que me atiende,
-sucumbo al acierto de su acento-
y entonces escribo sobre las teclas,
presiono el compás que me abraza
en este aposento de horas turquesa,
desliz en quietud sinuosa,
júbilo peregrino que me hace sonreír.
Más no tarda la seda que apertura la musa
y apuro mi pie al pedal que sostiene la lira;
en juego sostenido para perpetuar el verbo
y en sordina, hasta saciarme con el intento.
Son mis manos que se hermanan,
cuando el corazón ofrenda claves de sol
y el espíritu se va aderezando,
justo para revolotear entre las cuerdas
hasta el nidal que se descubre con el alba...
Es, dejarme dibujar en presente,
despertar al gorrión en mi garganta,
es, avivar a las pupilas
y en sonata, orquestar el alma.
(Publicado en Mundo Poesía el 15 de Junio del 2010)
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