David Salvador
Poeta recién llegado
En las tierras del fin del mundo te encontré,
más allá, de donde el cielo se une con el mar,
estabas tú, con nombre, con el sol por irse de tu pelo
y la luna aferrándose a tu piel.
Encontrarte fue,
como encontrar el corazón aquel,
cuando niño dibujé en un trozo de papel;
fue como volver a ver
a la chica más linda de mi aula,
cuando quemaba, una por una,
mis noches con su nombre.
Encontrarte fue,
como regresarle los pétalos
a aquella flor que deshojé
por aquel amor imposible,
recuperar el tiempo que se fue,
devolverle las esperanzas
a aquellos ojitos tristes
que en mi ventana dejé.
Sonrisas y miradas sin nombres,
como si fuera la luna
caminando por las calles de
Menongue,
quédate aquí, mi luna,
quédate, meu amor;
que en estas tierras
del fin del mundo,
es donde tú y yo no tenemos nombres.
más allá, de donde el cielo se une con el mar,
estabas tú, con nombre, con el sol por irse de tu pelo
y la luna aferrándose a tu piel.
Encontrarte fue,
como encontrar el corazón aquel,
cuando niño dibujé en un trozo de papel;
fue como volver a ver
a la chica más linda de mi aula,
cuando quemaba, una por una,
mis noches con su nombre.
Encontrarte fue,
como regresarle los pétalos
a aquella flor que deshojé
por aquel amor imposible,
recuperar el tiempo que se fue,
devolverle las esperanzas
a aquellos ojitos tristes
que en mi ventana dejé.
Sonrisas y miradas sin nombres,
como si fuera la luna
caminando por las calles de
Menongue,
quédate aquí, mi luna,
quédate, meu amor;
que en estas tierras
del fin del mundo,
es donde tú y yo no tenemos nombres.