Julius 1200
Poeta fiel al portal
Por esa causa sucumbí a tu seductora inercia
y me estiro en el suelo de granito como un faquir.
Quisiera quitarme mi ropa de oficina y extenderme,
hacer mis ejercicios, pero cuido los modales como
a mis manos reservadas para un menester agradable.
Con ellas suelo acariciar tu regazo y suponer tu alma.
A diario mis labios besan tu boca de añil,
eso pasa por mi cabeza mientras el Sr. Canterville
lanza sus habituales peroratas en la Oficina. Sin duda,
es un hombre enérgico, de gran verborragia. Por suerte
salpica sus cuitas y entretiene con sus voraces risotadas.
Confieso que me cae bien. Verlo enjugarse con su pañuelo
tipo sábana nos divierte aunque lo disimulemos...
Tú, amada, no puedes evitar reír sonoramente.
A veces las mañanas son agobiantes, desconcierta ese
corretear por los pasillos, por la cocina, por los escritorios
y el sin fin de ordenadores que pueblan ese ámbito de labor.
En ese nido de preocupaciones yo aprovecho para contemplarte.
Suelo sucumbir a deseos y pensamientos muy traviesos.
Pero créeme me reprimo, hago fila en la lista de espera de horas.
Mientras te duchas con esa inercia característica me place la
noche, la iluminación la vuelve noche encantada. Pero antes
de volver tú acostumbras a distenderte en el Bar contiguo.
Te fascina entonar con tono de soprano. Tienes una voz preciosa.
como de Canario o Jilguero o algo parecido.
Considero un privilegio me hayas elegido para amarnos.
Y al volver la calle se torna solitaria. Bah, casi, ese perro enorme
no le falla a sus necesidades fisiológicas y obedece ciegamente a
su poderoso olfato.
Sin vos no siento nunca que Soy. Soy un dependiente emocional.
Sobre todo cuando insistes en que nos duchemos juntos. Nuestra cena
parece un festejo diario. Tengo un problema: me arde la vista de
tanto contemplarte. No soy nadie sin vos Mariposa que alcanzó
una flor en su mejor vuelo...
y me estiro en el suelo de granito como un faquir.
Quisiera quitarme mi ropa de oficina y extenderme,
hacer mis ejercicios, pero cuido los modales como
a mis manos reservadas para un menester agradable.
Con ellas suelo acariciar tu regazo y suponer tu alma.
A diario mis labios besan tu boca de añil,
eso pasa por mi cabeza mientras el Sr. Canterville
lanza sus habituales peroratas en la Oficina. Sin duda,
es un hombre enérgico, de gran verborragia. Por suerte
salpica sus cuitas y entretiene con sus voraces risotadas.
Confieso que me cae bien. Verlo enjugarse con su pañuelo
tipo sábana nos divierte aunque lo disimulemos...
Tú, amada, no puedes evitar reír sonoramente.
A veces las mañanas son agobiantes, desconcierta ese
corretear por los pasillos, por la cocina, por los escritorios
y el sin fin de ordenadores que pueblan ese ámbito de labor.
En ese nido de preocupaciones yo aprovecho para contemplarte.
Suelo sucumbir a deseos y pensamientos muy traviesos.
Pero créeme me reprimo, hago fila en la lista de espera de horas.
Mientras te duchas con esa inercia característica me place la
noche, la iluminación la vuelve noche encantada. Pero antes
de volver tú acostumbras a distenderte en el Bar contiguo.
Te fascina entonar con tono de soprano. Tienes una voz preciosa.
como de Canario o Jilguero o algo parecido.
Considero un privilegio me hayas elegido para amarnos.
Y al volver la calle se torna solitaria. Bah, casi, ese perro enorme
no le falla a sus necesidades fisiológicas y obedece ciegamente a
su poderoso olfato.
Sin vos no siento nunca que Soy. Soy un dependiente emocional.
Sobre todo cuando insistes en que nos duchemos juntos. Nuestra cena
parece un festejo diario. Tengo un problema: me arde la vista de
tanto contemplarte. No soy nadie sin vos Mariposa que alcanzó
una flor en su mejor vuelo...
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