Leyendo-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde esta plegaria

conciso camino

las lentas ubres

del estío matinal

alcanzan secundarios

instantes de tierra, plomizos

albergues de arena, que nombran

la llama con su podredumbre

de rosa encantada. Refulge

su nombre, magnético

entre las olas vedadas.

Surte su efecto enigmático

la noche malhadada con sus

travesuras de infantiles guirnaldas,

al pecho de estreno colgadas.

Miran y atraviesan, nocturnas

y alevosas, praderas en silencio

con rítmica fronda dispersa. No

sueña ya el mundo con su hueca

fisonomía, miran azules las mañanas

desde su tumba protegida de espartos.



©

Mi memoria a veces se expande

y atraviesa remotas regiones despiadadas

por el celo de otoñales vestigios soñolientos.

Y enamoran sus azules alegorías

las mañanas tornadizas en piedra

de soles grabadas. Sueños de tardes

y estorninos, pájaros invisibles, que

vencen al duro camino, con su grito

anónimo de pastoreo inaudito. Mis

alas despliegan sus aromas de pan enardecido,

cumplen con su cometido, las rosas fragantes,

la arquitectura de interminables pasadizos.

Y la fosa que se abre, y el alma que espera,

espabilada, al rosal que tiernamente se ofrece.

©



Tu cuerpo estaba dentro de mi cuerpo.

Ofrecía sus mensajes, de áridas formas

sonoras, al oído campechano que delicadamente

las recogía. Como trenzas sin sonido

de un agua inmaterial, benigna.

Y en mi camino, de pino verde

y alma ligera, tú cruzaste las avenidas,

doradas, cambiantes y tornadizas, secretas.

Las llamas devoraron el pan de tan

alta y sagrada misa.



©

Tu cuerpo remansaba sobre el mío.

Tornaban las águilas a su pecho adormecido

mientras la noche acaecía sobre los montículos

de arena de los días intangibles. Miraba

tu cuerpo; en realidad, atisbaba el mío.

©



Tu cuerpo, siempre presente.

Anguila de las aguas más verdes

y lascivas. Tu cuerpo, bendición

de los días siempre iguales.

Con esparto y mimbre

de las noches cálidas, el vitral

y el cáliz, se humedecían, y yo,

raudo, hacia ti partía.

Morían en mí las tardes más reticentes,

aquellas horas solitarias de monte y alcancía.

En mí morían, las horas desabridas

del día. Y moraban las cuevas

las frutas sonrosadas y huecas,

de ancho plexo y caminar tan lento.

Antes de mí, tú. Antes de ti, nada.



©
 
Y en mi camino, de pino verde

y alma ligera, tú cruzaste las avenidas,

doradas, cambiantes y tornadizas, secretas.

Las llamas devoraron el pan de tan

alta y sagrada misa.


Tomo el fragmento que más me gustó, dentro de un poema que es una historia, que inicia con ensoñaciones, y progresivamente se va tornando real, para culminar en un final hermoso, tan hermoso como las imágenes que lo preceden.
Fue un gusto leer y releer y esta obra.
Buen lunes y semana :)
 
Desde esta plegaria

conciso camino

las lentas ubres

del estío matinal

alcanzan secundarios

instantes de tierra, plomizos

albergues de arena, que nombran

la llama con su podredumbre

de rosa encantada. Refulge

su nombre, magnético

entre las olas vedadas.

Surte su efecto enigmático

la noche malhadada con sus

travesuras de infantiles guirnaldas,

al pecho de estreno colgadas.

Miran y atraviesan, nocturnas

y alevosas, praderas en silencio

con rítmica fronda dispersa. No

sueña ya el mundo con su hueca

fisonomía, miran azules las mañanas

desde su tumba protegida de espartos.



©

Mi memoria a veces se expande

y atraviesa remotas regiones despiadadas

por el celo de otoñales vestigios soñolientos.

Y enamoran sus azules alegorías

las mañanas tornadizas en piedra

de soles grabadas. Sueños de tardes

y estorninos, pájaros invisibles, que

vencen al duro camino, con su grito

anónimo de pastoreo inaudito. Mis

alas despliegan sus aromas de pan enardecido,

cumplen con su cometido, las rosas fragantes,

la arquitectura de interminables pasadizos.

Y la fosa que se abre, y el alma que espera,

espabilada, al rosal que tiernamente se ofrece.

©



Tu cuerpo estaba dentro de mi cuerpo.

Ofrecía sus mensajes, de áridas formas

sonoras, al oído campechano que delicadamente

las recogía. Como trenzas sin sonido

de un agua inmaterial, benigna.

Y en mi camino, de pino verde

y alma ligera, tú cruzaste las avenidas,

doradas, cambiantes y tornadizas, secretas.

Las llamas devoraron el pan de tan

alta y sagrada misa.



©

Tu cuerpo remansaba sobre el mío.

Tornaban las águilas a su pecho adormecido

mientras la noche acaecía sobre los montículos

de arena de los días intangibles. Miraba

tu cuerpo; en realidad, atisbaba el mío.

©



Tu cuerpo, siempre presente.

Anguila de las aguas más verdes

y lascivas. Tu cuerpo, bendición

de los días siempre iguales.

Con esparto y mimbre

de las noches cálidas, el vitral

y el cáliz, se humedecían, y yo,

raudo, hacia ti partía.

Morían en mí las tardes más reticentes,

aquellas horas solitarias de monte y alcancía.

En mí morían, las horas desabridas

del día. Y moraban las cuevas

las frutas sonrosadas y huecas,

de ancho plexo y caminar tan lento.

Antes de mí, tú. Antes de ti, nada.



©
Bella y trabajada obra en su certera expresividad y en su envolvente contenido, sugerentes imágenes, sensibles, efectivas y hermosas metáforas amigo Ben. Un abrazo. Paco.
 
Bella y trabajada obra en su certera expresividad y en su envolvente contenido, sugerentes imágenes, sensibles, efectivas y hermosas metáforas amigo Ben. Un abrazo. Paco.
Tomo el fragmento que más me gustó, dentro de un poema que es una historia, que inicia con ensoñaciones, y progresivamente se va tornando real, para culminar en un final hermoso, tan hermoso como las imágenes que lo preceden.
Fue un gusto leer y releer y esta obra.
Buen lunes y semana :)


Muchas gracias amiga Cecy: mi corazón baila de honestidad esta tarde, y quería transmitir esta impresión de que todo vuelve a comenzar, y a girar, un abrazo!
 
Desde esta plegaria

conciso camino

las lentas ubres

del estío matinal

alcanzan secundarios

instantes de tierra, plomizos

albergues de arena, que nombran

la llama con su podredumbre

de rosa encantada. Refulge

su nombre, magnético

entre las olas vedadas.

Surte su efecto enigmático

la noche malhadada con sus

travesuras de infantiles guirnaldas,

al pecho de estreno colgadas.

Miran y atraviesan, nocturnas

y alevosas, praderas en silencio

con rítmica fronda dispersa. No

sueña ya el mundo con su hueca

fisonomía, miran azules las mañanas

desde su tumba protegida de espartos.



©

Mi memoria a veces se expande

y atraviesa remotas regiones despiadadas

por el celo de otoñales vestigios soñolientos.

Y enamoran sus azules alegorías

las mañanas tornadizas en piedra

de soles grabadas. Sueños de tardes

y estorninos, pájaros invisibles, que

vencen al duro camino, con su grito

anónimo de pastoreo inaudito. Mis

alas despliegan sus aromas de pan enardecido,

cumplen con su cometido, las rosas fragantes,

la arquitectura de interminables pasadizos.

Y la fosa que se abre, y el alma que espera,

espabilada, al rosal que tiernamente se ofrece.

©



Tu cuerpo estaba dentro de mi cuerpo.

Ofrecía sus mensajes, de áridas formas

sonoras, al oído campechano que delicadamente

las recogía. Como trenzas sin sonido

de un agua inmaterial, benigna.

Y en mi camino, de pino verde

y alma ligera, tú cruzaste las avenidas,

doradas, cambiantes y tornadizas, secretas.

Las llamas devoraron el pan de tan

alta y sagrada misa.



©

Tu cuerpo remansaba sobre el mío.

Tornaban las águilas a su pecho adormecido

mientras la noche acaecía sobre los montículos

de arena de los días intangibles. Miraba

tu cuerpo; en realidad, atisbaba el mío.

©



Tu cuerpo, siempre presente.

Anguila de las aguas más verdes

y lascivas. Tu cuerpo, bendición

de los días siempre iguales.

Con esparto y mimbre

de las noches cálidas, el vitral

y el cáliz, se humedecían, y yo,

raudo, hacia ti partía.

Morían en mí las tardes más reticentes,

aquellas horas solitarias de monte y alcancía.

En mí morían, las horas desabridas

del día. Y moraban las cuevas

las frutas sonrosadas y huecas,

de ancho plexo y caminar tan lento.

Antes de mí, tú. Antes de ti, nada.



©
unos cortos muy originales, que irradian de belleza, sin duda no hay lectura que no nos inspire, saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba