BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre las aguas
ceden los impulsos;
cede el viento;
lo opuesto a un cáliz,
lo secundario y remoto.
Sobre los líquidos sapienciales,
registros automáticos, zonas
de césped, la cigarra que atosiga
con sus persianas cerradas.
Sobre las aguas, inquieto,
el viento, cierto temblor de ánades:
caricias de bruma y espuma
que la carne necesita.
Y bruñido el sol se levanta.
Hasta caer; astro desvencijado.
En la penumbra, lienzos,
en los senderos, linóleos.
Amplitud divergente, en que
se crucifican los aspersores
de enfrente. Latitud, cien grados,
ásperos
bocinazos, cláxones derretidos.
En los relojes amanece una luna
sin sentido.
Mi ejecución se pospone,
alguien premedita el signo
de tu frente, un reloj desvanecido,
uno, dos, cuatro: síntomas.
La lentitud exagerada de los mármoles
desciende como avena hacia los tímpanos.
Y mi cuerpo cruje, fatal osario,
donde se guarda el polvo de los intermitentes.
©
ceden los impulsos;
cede el viento;
lo opuesto a un cáliz,
lo secundario y remoto.
Sobre los líquidos sapienciales,
registros automáticos, zonas
de césped, la cigarra que atosiga
con sus persianas cerradas.
Sobre las aguas, inquieto,
el viento, cierto temblor de ánades:
caricias de bruma y espuma
que la carne necesita.
Y bruñido el sol se levanta.
Hasta caer; astro desvencijado.
En la penumbra, lienzos,
en los senderos, linóleos.
Amplitud divergente, en que
se crucifican los aspersores
de enfrente. Latitud, cien grados,
ásperos
bocinazos, cláxones derretidos.
En los relojes amanece una luna
sin sentido.
Mi ejecución se pospone,
alguien premedita el signo
de tu frente, un reloj desvanecido,
uno, dos, cuatro: síntomas.
La lentitud exagerada de los mármoles
desciende como avena hacia los tímpanos.
Y mi cuerpo cruje, fatal osario,
donde se guarda el polvo de los intermitentes.
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