Troto
Pablo Romero Parada
Me gustabas en tu verde blusa.
En el calzado y en el mirar tuyo tan
oscuro y ancho.
Me gustabas cuando tus labios se reían
y dejaban verse por los rayos de sol
y por la melodía.
Por tus pensamientos clásicos también;
que te hacían de especialidad rabiosa
y garganta tenue.
Los paseos de rugir rocoso infinito
golpeaban a mi pecho flotante.
Era tu seriedad la blanca delicadeza.
Y era tu piel a veces oscura y otras
trémula por mi sonrojo.
Ais. Aún ando cabizbajo.
Aún me soborno a mi mismo por
pensar en el soyozo tuyo y en tu anhelo.
Aún quiero verte por sentir lo que es fusionarse;
y los lunares, y el pisar constante de tus ligeros pies,
calan entre mi suspiro goteoso,
y trascienden de mi roja rabia y de mi melancolía
En el calzado y en el mirar tuyo tan
oscuro y ancho.
Me gustabas cuando tus labios se reían
y dejaban verse por los rayos de sol
y por la melodía.
Por tus pensamientos clásicos también;
que te hacían de especialidad rabiosa
y garganta tenue.
Los paseos de rugir rocoso infinito
golpeaban a mi pecho flotante.
Era tu seriedad la blanca delicadeza.
Y era tu piel a veces oscura y otras
trémula por mi sonrojo.
Ais. Aún ando cabizbajo.
Aún me soborno a mi mismo por
pensar en el soyozo tuyo y en tu anhelo.
Aún quiero verte por sentir lo que es fusionarse;
y los lunares, y el pisar constante de tus ligeros pies,
calan entre mi suspiro goteoso,
y trascienden de mi roja rabia y de mi melancolía
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