Cuando arrullan esos cauces,
con los mecidos recuerdos del barquero…
con esas aves mensajeras,
tras otro flash de los conjuntos.
Y esa belleza,
por todo lo cantarín,
nos trae de regreso…
donde es su sonrisa,
una batalla muy delgada…
la embriaguez de techos de las esencias,
y jazmines que respiran,
de lo volátil,
lo delicado.
Donde es su mirada,
esa luz de los que ruegan,
el titilar del fuego en una catedral de palabras…
ese resplandor de las gemas del cielo.
Cuando la sensibilidad retorna,
cada vez más azul,
en más expandidos horizontes,
de la tregua de su mano.
De los sentimientos,
que despiertan,
al escucharla con la piel.