BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ágil dejo los anillos
que pintan su austera
vocación de planeta solitario,
entre medias, una planta
olfatea mis mediocres apuntes
poéticos, las sílabas decadentes,
la eternidad plantada sobre atardeceres,
el beso dividido como una frente
en la oscuridad de la mañana.
Beso las fuentes
la guadaña interminable,
el pétalo dorado, la aérea
imagen denostada, pinto
entretanto, notas musicales
degradadas, la noche pasa
en mí como un pecho oscuro.
Ladrón cómodo y natalicio,
sombra oscura, patroneada
en los silos de las plantaciones
acuáticas, pilares autónomos
revisados en las fuentes desinfectadas.
Conozco a más de un perro
que se ha convertido en hombre,
y viceversa, viceversa, no,
más bien, al contrario, perro
y hombre, casi siempre,
van de la mano: siglos
juntos, pernoctando
en locales de mala muerte,
intentando aparentar honestidad,
virtudes desatadas, bromas aparte
me gusta su pelaje, su tierna
emancipación del amo
cuando llega la madrugada,
cuando ésta llega, y alimenta
su hambre de crímenes
la necesaria prontitud del daño.
Me gustan los perros
transitando las nieves de las estaciones,
el tren a punto de emerger, y yo,
y ellos, inmóviles, quietos,
a punto de desaparecer de la vida
de los otros, estáticas imágenes
que guardará un mañana expedito
como el filo de una navaja.
Brilla en él su reflejo, su decrépito
reflejo, y austero, y todo
su mensaje queda limpio: infancia
y daño, todo junto.©
que pintan su austera
vocación de planeta solitario,
entre medias, una planta
olfatea mis mediocres apuntes
poéticos, las sílabas decadentes,
la eternidad plantada sobre atardeceres,
el beso dividido como una frente
en la oscuridad de la mañana.
Beso las fuentes
la guadaña interminable,
el pétalo dorado, la aérea
imagen denostada, pinto
entretanto, notas musicales
degradadas, la noche pasa
en mí como un pecho oscuro.
Ladrón cómodo y natalicio,
sombra oscura, patroneada
en los silos de las plantaciones
acuáticas, pilares autónomos
revisados en las fuentes desinfectadas.
Conozco a más de un perro
que se ha convertido en hombre,
y viceversa, viceversa, no,
más bien, al contrario, perro
y hombre, casi siempre,
van de la mano: siglos
juntos, pernoctando
en locales de mala muerte,
intentando aparentar honestidad,
virtudes desatadas, bromas aparte
me gusta su pelaje, su tierna
emancipación del amo
cuando llega la madrugada,
cuando ésta llega, y alimenta
su hambre de crímenes
la necesaria prontitud del daño.
Me gustan los perros
transitando las nieves de las estaciones,
el tren a punto de emerger, y yo,
y ellos, inmóviles, quietos,
a punto de desaparecer de la vida
de los otros, estáticas imágenes
que guardará un mañana expedito
como el filo de una navaja.
Brilla en él su reflejo, su decrépito
reflejo, y austero, y todo
su mensaje queda limpio: infancia
y daño, todo junto.©