Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
SOLES DE ATLÁNTIDA
Al fuego de mi piel le falta tu fósforo,
omnidireccional propagación de claridades,
converso con este sol cansado y taciturno,
Saturno de la Tierra,
como un haz de leña se desata mi cuerpo,
carente de carótidas,
sangre de estériles, febriles reflexiones, cuando opacas la luz en mis pulmones.
Si en un palmo me abrazas y me abrigas
contra la tempestad o la sequía,
qué será de ti, dime,
bola de cristal relampagueante.
Y qué será de mí sin tu eterno paisaje en el que atisbo lenguas
que podrían besar el labio más oscuro,
la versión más inmóvil de la luminiscencia,
diapositiva en un aula para el comienzo,
origen de la vida de mis sedimentos,
la belleza, y otros tantos enseres
que emigraron de noche
con el sueño.
Dime cuánto te debe mi luna sin laguna, que respiro en la tuya.
La mujer que nevó de mi garganta, o el deshielo de mi block.
Dime cuánto me quieres, que de tanto mirarte he trepado a tu voz.
Al fuego de mi piel le falta tu fósforo,
omnidireccional propagación de claridades,
converso con este sol cansado y taciturno,
Saturno de la Tierra,
como un haz de leña se desata mi cuerpo,
carente de carótidas,
sangre de estériles, febriles reflexiones, cuando opacas la luz en mis pulmones.
Si en un palmo me abrazas y me abrigas
contra la tempestad o la sequía,
qué será de ti, dime,
bola de cristal relampagueante.
Y qué será de mí sin tu eterno paisaje en el que atisbo lenguas
que podrían besar el labio más oscuro,
la versión más inmóvil de la luminiscencia,
diapositiva en un aula para el comienzo,
origen de la vida de mis sedimentos,
la belleza, y otros tantos enseres
que emigraron de noche
con el sueño.
Dime cuánto te debe mi luna sin laguna, que respiro en la tuya.
La mujer que nevó de mi garganta, o el deshielo de mi block.
Dime cuánto me quieres, que de tanto mirarte he trepado a tu voz.