Paisaje y paisanaje-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay una virulencia implícita

una zona de desgaste que utiliza

mareas concentradas, estanques

petrificados, orquestas estivales

renovadoras de pulsos. Hay

una documentación inexacta,

un triunfo de súplicas y piedades,

un número de preguntas resueltas,

hay un enigma en la vereda incierta.

Hay un diapasón oculto cuyos frutos

alcanzan la longevidad del tiempo.

Preciosas armaduras que aglutinan

su mordedura de manzana. Hay

un matiz especulador, una incertidumbre

propiciadora y un anuario secreto.

Sílabas promiscuas, y un montón

de aceites derrochados sobre el cuerpo.

Suntuosamente la lujuria proclama

su advenimiento, sombras ejecutadas,

plañideras de sepelios tácitos.

Hay un corazón que secuestra su esencia,

un ribete de maquinarias imprecisas, buscando

soles tras los senderos moteados por la lluvia.

Hay una jerarquía de hórreos recién pintados,

clausurados por mano enemiga,

un mecanismo exprimido que vulnera

la fraternidad de las avispas.

Hay un estilete que lucha por su combate

ciego, una próspera siderurgia que emite

sus billetes controlados, donde se fabrican

dioses y conjuntos de astros apaciguados.

Hay una prosperidad de alcantarillas vacías,

un roedor que muerde la materia indecente,

cayendo tan lentamente por espacios determinados

y aguas bautismales.

Un ecuménico patricio suelda las naves futuras.

Un rey de harapientos desechos dogmatiza una abeja

floreciente.

Un caleidoscopio de sangres que precisan

su bella manufactura de estrellas.

Un sargento de oro que omite

su voracidad de amante entretenido.

Un sarcasmo virulento de ramas adolescentes.

Algo que aprieta el vértice de los diezmos

contraídos.

Un catalizador insomne de generalizaciones opacas.

Y un hombre que abre su pecho y exige venganza.

Mientras las piedras agigantan los lechos

duermen la siesta las cabras mecánicas,

los bordes del río fluyen con condensación de moscas,

los remolinos pasados acogen benditos tronos

insecticidas.

Mientras las moscas piden un rey a su altura,

una notificación alumbra la desidia de un piso,

un periódico vengativo usa su estandarte para

promover su náusea.

La nación contagiada celebra vítores en su honor

negativo, los catalizadores penetran las exiguas demostraciones

y los caducos cosechadores de trigo, alimentan

un cuerpo en desvarío.

La penumbra alienta caracoles fugitivos,

demandados por las exigencias patrias, un montón

de suaves estercoleros, meditan su signo de opaca luz.

Los reyes visten sus últimos atuendos

las masas proclamas su deriva imperial,

un sueño de derrotas, advierte el dinero perdido.

La plétora busca las famélicas piernas,

los hombres acusan su cansancio de orina,

la fetidez de los armarios busca desovar con fértiles

armamentos.

Yo busco mientras tanto los labios perdidos,

la mirada conseguida, el amplio concurso

de unos besos afables de fuera de las ruinas.
 
Hay una virulencia implícita

una zona de desgaste que utiliza

mareas concentradas, estanques

petrificados, orquestas estivales

renovadoras de pulsos. Hay

una documentación inexacta,

un triunfo de súplicas y piedades,

un número de preguntas resueltas,

hay un enigma en la vereda incierta.

Hay un diapasón oculto cuyos frutos

alcanzan la longevidad del tiempo.

Preciosas armaduras que aglutinan

su mordedura de manzana. Hay

un matiz especulador, una incertidumbre

propiciadora y un anuario secreto.

Sílabas promiscuas, y un montón

de aceites derrochados sobre el cuerpo.

Suntuosamente la lujuria proclama

su advenimiento, sombras ejecutadas,

plañideras de sepelios tácitos.

Hay un corazón que secuestra su esencia,

un ribete de maquinarias imprecisas, buscando

soles tras los senderos moteados por la lluvia.

Hay una jerarquía de hórreos recién pintados,

clausurados por mano enemiga,

un mecanismo exprimido que vulnera

la fraternidad de las avispas.

Hay un estilete que lucha por su combate

ciego, una próspera siderurgia que emite

sus billetes controlados, donde se fabrican

dioses y conjuntos de astros apaciguados.

Hay una prosperidad de alcantarillas vacías,

un roedor que muerde la materia indecente,

cayendo tan lentamente por espacios determinados

y aguas bautismales.

Un ecuménico patricio suelda las naves futuras.

Un rey de harapientos desechos dogmatiza una abeja

floreciente.

Un caleidoscopio de sangres que precisan

su bella manufactura de estrellas.

Un sargento de oro que omite

su voracidad de amante entretenido.

Un sarcasmo virulento de ramas adolescentes.

Algo que aprieta el vértice de los diezmos

contraídos.

Un catalizador insomne de generalizaciones opacas.

Y un hombre que abre su pecho y exige venganza.

Mientras las piedras agigantan los lechos

duermen la siesta las cabras mecánicas,

los bordes del río fluyen con condensación de moscas,

los remolinos pasados acogen benditos tronos

insecticidas.

Mientras las moscas piden un rey a su altura,

una notificación alumbra la desidia de un piso,

un periódico vengativo usa su estandarte para

promover su náusea.

La nación contagiada celebra vítores en su honor

negativo, los catalizadores penetran las exiguas demostraciones

y los caducos cosechadores de trigo, alimentan

un cuerpo en desvarío.

La penumbra alienta caracoles fugitivos,

demandados por las exigencias patrias, un montón

de suaves estercoleros, meditan su signo de opaca luz.

Los reyes visten sus últimos atuendos

las masas proclamas su deriva imperial,

un sueño de derrotas, advierte el dinero perdido.

La plétora busca las famélicas piernas,

los hombres acusan su cansancio de orina,

la fetidez de los armarios busca desovar con fértiles

armamentos.

Yo busco mientras tanto los labios perdidos,

la mirada conseguida, el amplio concurso

de unos besos afables de fuera de las ruinas.
En todo ese maremagnun de vision y de pasisaje esta la llamada
de fundirse en esa busqueda de la mirada y el deseo en la
apertura de cautivas necesidades. una gran obra. saludos
amables de luzyabsenta
 
Un ecuménico patricio suelda las naves futuras. /Un rey de harapientos desechos dogmatiza una abeja /floreciente.
Grandioso poema, querido Ben; grandioso en dimensión externa e interna. Una floración exultante de figuras y campos de visión que estremece al lector. Una construcción poética que busca raíces en esos versos de reducida extensión pero de densidad equivalente, la sabia mezcla del arte mayor con el mínimo, siendo su resultante un poema fuera de dimensión.
La penumbra alienta caracoles fugitivos, /demandados por las exigencias patrias, un montón /de suaves estercoleros, meditan su signo de opaca luz.
La estridencia de la Patria; prefiero el recóndito susurro de tus versos. Mis felicitaciones,
miguel
 
Grandioso poema, querido Ben; grandioso en dimensión externa e interna. Una floración exultante de figuras y campos de visión que estremece al lector. Una construcción poética que busca raíces en esos versos de reducida extensión pero de densidad equivalente, la sabia mezcla del arte mayor con el mínimo, siendo su resultante un poema fuera de dimensión.
La estridencia de la Patria; prefiero el recóndito susurro de tus versos. Mis felicitaciones,
miguel

Gracias Miguel: el poema siempre surge de un problema claramente conflictual, no digno nada nuevo, supongo. Mi enorme gratitud por tu bellísimo comentario y por tus palabras, que alientan a ser más exhaustivo y preciosista, un gran abrazo!
 

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