Josef Arreguín
Poeta recién llegado
Ha pasado tanto tiempo madre mía
y éste, no es ni el comienzo ni el final
de extrañarte cada día.
Suelo cerrar los ojos para poder mirarte
y acudo a mis más gratos recuerdos a buscarte;
Te busco entre las memorias de mi infancia diluida
y me encuentro con la ternura de un abrazo tuyo,
percibo el aroma de tu exquisita comida,
que con dedicación preparabas,
mientras yo soñaba con ser un ingeniero
o corría por la calle jugando a cualquier cosa
con mis hermanos y mis compañeros.
Que infancia aquella y tu compañía
la hacía lucir, todavía más bella.
Una mañana el pantalón ya me ajustaba
tú con risas me decías, que la adolescencia
había estirado los brazos para alcanzarme
y como una obvia consecuencia
aquel quien una vez fuera un tímido niño
ahora era un muchacho
que sobre el labio superior tenia mugre
y más reías con tu estilo tan alegre
porque era mi bigote que ya iniciaba su brote,
te esmerabas aún más
en tener mi ropa limpia y lista
porque notaste en mis ojos,
que una linda chica
comenzaba a robarme suspiros
y provocarme sonrojos.
la vida transcurría con mucha prisa
y como si pudieses mirarar dentro de mi
encontrabas que mi alma
se perturbaba por la madurez
notabas en mi, un dejo de preocupación
pues me había convertido en adulto
y aún entonces pude sentir
tus dedos enredados en mi pelo,
con algunas palabras suaves como aquellas
que solías decirme de niño, a manera de consuelo.
cuantas veces notaste en mi las tribulaciones
entristecías, porque mirabas todos mis esfuerzos
el ahinco, con que luchaba por mantenerte con vida
miestras tu salud, poco a poco disminuía.
Cierto día de un gris noviembre
un Angel decidió tomarte de la mano y separarnos
así llegué a este punto en el que aún me pregunto
cuan grande fué nuestro amor
que aún en esos días
en que una sonrisa asoma a mi rostro
e incluso, en mis noches de insomnio
en mi mente puedo distinguir tus rasgoz faciales
mientras mi piel hoy ya algo marchita, se eriza
recordando tus tantas virtudes maternales.
y mientras grito, hacia cualquier parte tu nombre,
aguzo mi oido para intentar escucharte,
aunque sinceramente, lo que más deseo
es poder mirarte frente a frente
y una vez más, poder llamarte madre
cada vez que cierro mis ojos para mirarte
te busco entre mis recuerdos
y te encuentro en cientos de ellos
como estos, que son algunos de los más bellos.
y éste, no es ni el comienzo ni el final
de extrañarte cada día.
Suelo cerrar los ojos para poder mirarte
y acudo a mis más gratos recuerdos a buscarte;
Te busco entre las memorias de mi infancia diluida
y me encuentro con la ternura de un abrazo tuyo,
percibo el aroma de tu exquisita comida,
que con dedicación preparabas,
mientras yo soñaba con ser un ingeniero
o corría por la calle jugando a cualquier cosa
con mis hermanos y mis compañeros.
Que infancia aquella y tu compañía
la hacía lucir, todavía más bella.
Una mañana el pantalón ya me ajustaba
tú con risas me decías, que la adolescencia
había estirado los brazos para alcanzarme
y como una obvia consecuencia
aquel quien una vez fuera un tímido niño
ahora era un muchacho
que sobre el labio superior tenia mugre
y más reías con tu estilo tan alegre
porque era mi bigote que ya iniciaba su brote,
te esmerabas aún más
en tener mi ropa limpia y lista
porque notaste en mis ojos,
que una linda chica
comenzaba a robarme suspiros
y provocarme sonrojos.
la vida transcurría con mucha prisa
y como si pudieses mirarar dentro de mi
encontrabas que mi alma
se perturbaba por la madurez
notabas en mi, un dejo de preocupación
pues me había convertido en adulto
y aún entonces pude sentir
tus dedos enredados en mi pelo,
con algunas palabras suaves como aquellas
que solías decirme de niño, a manera de consuelo.
cuantas veces notaste en mi las tribulaciones
entristecías, porque mirabas todos mis esfuerzos
el ahinco, con que luchaba por mantenerte con vida
miestras tu salud, poco a poco disminuía.
Cierto día de un gris noviembre
un Angel decidió tomarte de la mano y separarnos
así llegué a este punto en el que aún me pregunto
cuan grande fué nuestro amor
que aún en esos días
en que una sonrisa asoma a mi rostro
e incluso, en mis noches de insomnio
en mi mente puedo distinguir tus rasgoz faciales
mientras mi piel hoy ya algo marchita, se eriza
recordando tus tantas virtudes maternales.
y mientras grito, hacia cualquier parte tu nombre,
aguzo mi oido para intentar escucharte,
aunque sinceramente, lo que más deseo
es poder mirarte frente a frente
y una vez más, poder llamarte madre
cada vez que cierro mis ojos para mirarte
te busco entre mis recuerdos
y te encuentro en cientos de ellos
como estos, que son algunos de los más bellos.
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