Se filtra, cantarina la tarde, por la habitación canela…
los chimpancés,
recolectan las gemas a racimos,
de la aritmética de las sensaciones...
la niña de las luciérnagas,
tras jugar a la comba con el río…
los certificados de un cortinaje de sauces llorones;
y las coronillas en otra exaltación de hormigas.
Acaso hacia nosotros,
nadadores por las voces más profundas...
acaso más poema, que el de los ojos perdidos...
tras esos horizontes que te buscan.
los recuerdos cobijados a la sombra del café frío.
El agradecimiento de geranios, dice misa;
colorea el rasgo y el cenit de una cita.
Y esas retinas, ya cansadas de llover sobre la lluvia;
apenas nos dañan, esa opulencia.
Nos hablan sus dedos,
de la palma de un sol sensible...
de las reliquias verdes y picaduras del tabaco,
con esas selvas intrínsecas, en cada cosa.
Esas cosas que marchan, como una caricia,
saboreando el ritmo;
tras su musa, sus ansiedades encauzadas,
y sus colores comunicados por canales.
los chimpancés,
recolectan las gemas a racimos,
de la aritmética de las sensaciones...
la niña de las luciérnagas,
tras jugar a la comba con el río…
los certificados de un cortinaje de sauces llorones;
y las coronillas en otra exaltación de hormigas.
Acaso hacia nosotros,
nadadores por las voces más profundas...
acaso más poema, que el de los ojos perdidos...
tras esos horizontes que te buscan.
los recuerdos cobijados a la sombra del café frío.
El agradecimiento de geranios, dice misa;
colorea el rasgo y el cenit de una cita.
Y esas retinas, ya cansadas de llover sobre la lluvia;
apenas nos dañan, esa opulencia.
Nos hablan sus dedos,
de la palma de un sol sensible...
de las reliquias verdes y picaduras del tabaco,
con esas selvas intrínsecas, en cada cosa.
Esas cosas que marchan, como una caricia,
saboreando el ritmo;
tras su musa, sus ansiedades encauzadas,
y sus colores comunicados por canales.
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