Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
MELANCOLÍA
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El viento canta en invierno,
canciones que nadie aprendió.
Es pena de todas las almas,
es llanto de todos los ojos,
tristeza de todos los brazos,
que el cielo reúne en su bóveda,
templadas en violines de Dios.
Es a amores furtivos, penosos,
que el tiempo impaciente erró,
que como intangibles fantasmas,
se ocultan del aire y del agua
y de la mañana que heló.
Mas, a ellos los heló la conciencia,
tallada en cadenas del sol,
que desde sus cunas muy blancas,
con manos de padres y gentes,
de dioses y altares urdió.
Tristeza de dos corazones,
de equívocos caminos los dos,
que en cepos apartes conviven,
empero, sus almas no.
Este es el amor de amantes,
a quien cantan las musas doquier
y que a la vida sabores
le da, de imposibles amores,
de dulces desdichas,
de hiel y de miel.
También a amores esquivos,
lejanos, soberbios, dañados,
errantes, pérfidos y osados,
les canta el viento otoñal;
que aún en estaciones de flores,
de néctares y de mil colores,
deja su estela de espanto,
de pena y de quebranto,
de angustia, de tierno dolor.
De quimeras dolientes, oscuras,
de odio quemante y rencores,
fatídico y dulce amargor.
En esta angustiosa delicia,
es festín de la boca amargada,
es el ágape más refinado,
el probar la sal de aquel llanto,
que brota en los ojos que viven,
en éstos parajes del sol.
Y ésta tristeza perdura,
como rémora se pega en la piel
y se enquista en el aire que quiere,
con nosotros probar los placeres,
queridos, de prohibida dulzura,
queridos, de placentera hiel.
No es la gracia ni es el donaire.
Es la pena exquisita del alma,
la que alucinan las sendas de otoño.
Es la falta de paz y de calma.
Es la constante, anhelada quimera,
de alcanzar lo que realmente se espera:
ojos claros, tez lozana,
aspectos y pasos de cielo,
que solo habitan en vuelo,
fugaz de un ser que pasó
y que trajo mensajes de donde,
tan solo habita el amor.
La vida es melancolía,
es pena constante y servida,
desde la cuna mullida,
hasta el final de éste amor.
Ahora me inunda la pena,
me alcanzó también ésta magia,
que mi vida endulza y amarga;
me alcanzó éste frenesí.
Me alcanzaron espinas y clavos.
…Me alcanzó la pena de ti.
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El viento canta en invierno,
canciones que nadie aprendió.
Es pena de todas las almas,
es llanto de todos los ojos,
tristeza de todos los brazos,
que el cielo reúne en su bóveda,
templadas en violines de Dios.
Es a amores furtivos, penosos,
que el tiempo impaciente erró,
que como intangibles fantasmas,
se ocultan del aire y del agua
y de la mañana que heló.
Mas, a ellos los heló la conciencia,
tallada en cadenas del sol,
que desde sus cunas muy blancas,
con manos de padres y gentes,
de dioses y altares urdió.
Tristeza de dos corazones,
de equívocos caminos los dos,
que en cepos apartes conviven,
empero, sus almas no.
Este es el amor de amantes,
a quien cantan las musas doquier
y que a la vida sabores
le da, de imposibles amores,
de dulces desdichas,
de hiel y de miel.
También a amores esquivos,
lejanos, soberbios, dañados,
errantes, pérfidos y osados,
les canta el viento otoñal;
que aún en estaciones de flores,
de néctares y de mil colores,
deja su estela de espanto,
de pena y de quebranto,
de angustia, de tierno dolor.
De quimeras dolientes, oscuras,
de odio quemante y rencores,
fatídico y dulce amargor.
En esta angustiosa delicia,
es festín de la boca amargada,
es el ágape más refinado,
el probar la sal de aquel llanto,
que brota en los ojos que viven,
en éstos parajes del sol.
Y ésta tristeza perdura,
como rémora se pega en la piel
y se enquista en el aire que quiere,
con nosotros probar los placeres,
queridos, de prohibida dulzura,
queridos, de placentera hiel.
No es la gracia ni es el donaire.
Es la pena exquisita del alma,
la que alucinan las sendas de otoño.
Es la falta de paz y de calma.
Es la constante, anhelada quimera,
de alcanzar lo que realmente se espera:
ojos claros, tez lozana,
aspectos y pasos de cielo,
que solo habitan en vuelo,
fugaz de un ser que pasó
y que trajo mensajes de donde,
tan solo habita el amor.
La vida es melancolía,
es pena constante y servida,
desde la cuna mullida,
hasta el final de éste amor.
Ahora me inunda la pena,
me alcanzó también ésta magia,
que mi vida endulza y amarga;
me alcanzó éste frenesí.
Me alcanzaron espinas y clavos.
…Me alcanzó la pena de ti.
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