Cris Cordova
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegamos a un hotel
curiosamente llamado La Barca,
sin saber que era el proel
que guiará la mía
a surcar ondas de placer.
Estábamos dispuestos
a mojarnos de deseo,
al entrar ,la cama
parecía una enorme isla,
y nosotros, dos náufragos
pugnando por llegar a su orilla,
queríamos nadar en sábanas
de sueños llevados
por nuestra libida fantasía.
Tormentas de suspiros
agitaban nuestras bocas,
y nuestra mirada perdida
nos hacia ver las estrellas,
bogar en su cuerpo
era una aventura,
atracar en su muelle
era sentir la dulzura
del que navega hacia el sur,
y encuentra cálidas aguas.
Éramos dos náufragos
que llegando a la orilla
se divertían
dejando huellas,
concientes de gozar la vida,
de dejar atrás tormentas
vaciando nuestros cuerpos.
En esa noche tan nuestra
aquel lugar era un crucero
en un océano de fantasías,
tripulantes del placer
en aquel viejo hotel
donde los sueños se cumplían.
curiosamente llamado La Barca,
sin saber que era el proel
que guiará la mía
a surcar ondas de placer.
Estábamos dispuestos
a mojarnos de deseo,
al entrar ,la cama
parecía una enorme isla,
y nosotros, dos náufragos
pugnando por llegar a su orilla,
queríamos nadar en sábanas
de sueños llevados
por nuestra libida fantasía.
Tormentas de suspiros
agitaban nuestras bocas,
y nuestra mirada perdida
nos hacia ver las estrellas,
bogar en su cuerpo
era una aventura,
atracar en su muelle
era sentir la dulzura
del que navega hacia el sur,
y encuentra cálidas aguas.
Éramos dos náufragos
que llegando a la orilla
se divertían
dejando huellas,
concientes de gozar la vida,
de dejar atrás tormentas
vaciando nuestros cuerpos.
En esa noche tan nuestra
aquel lugar era un crucero
en un océano de fantasías,
tripulantes del placer
en aquel viejo hotel
donde los sueños se cumplían.