Maite Aranguren
Poeta que considera el portal su segunda casa
Le hiciste un guiño al tiempo,
y sonriendo paró su aguja,
dándonos todos los minutos,
junto a todas las horas,
regalándonos también espacio,
para vivir la aventura,
de ser eternos,
y perdurar el instante,
sin miradas, sin palabras,
sin segundos que nos coarten,
sin etapas, ni períodos,
vestidos de flores de beso,
bañándonos en mar de caricias,
en un viaje sin regreso,
donde no existe la espalda,
no hay lugar a dar la vuelta,
diccionario sólo de ida,
ni tampoco habrá mañana,
ni ventanas, ni puertas,
dueños de nuestro mundo,
sin pasado y sin futuro,
en un jardín de abrazos,
de sus frutos los afectos,
paraíso puro, sintáctico,
sin reglas, ni compases,
sin ritos, ni leyes,
ni códices secretos,
todo a mar abierto,
tú y yo,
sin relojes, ni señales,
sin horarios y sin péndulos,
siguiendo nuestro ritmo,
al compás dos corazones,
ese es nuestro tiempo,
nuestros días, nuestras noches,
todo nuestro universo
y sonriendo paró su aguja,
dándonos todos los minutos,
junto a todas las horas,
regalándonos también espacio,
para vivir la aventura,
de ser eternos,
y perdurar el instante,
sin miradas, sin palabras,
sin segundos que nos coarten,
sin etapas, ni períodos,
vestidos de flores de beso,
bañándonos en mar de caricias,
en un viaje sin regreso,
donde no existe la espalda,
no hay lugar a dar la vuelta,
diccionario sólo de ida,
ni tampoco habrá mañana,
ni ventanas, ni puertas,
dueños de nuestro mundo,
sin pasado y sin futuro,
en un jardín de abrazos,
de sus frutos los afectos,
paraíso puro, sintáctico,
sin reglas, ni compases,
sin ritos, ni leyes,
ni códices secretos,
todo a mar abierto,
tú y yo,
sin relojes, ni señales,
sin horarios y sin péndulos,
siguiendo nuestro ritmo,
al compás dos corazones,
ese es nuestro tiempo,
nuestros días, nuestras noches,
todo nuestro universo
::