BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre estatuas por el viento
demolidas, y más allá, de nubes
o nebulosas aguas infectadas
de ánades, infantes destruidos,
mordidos en el tobillo, la lengua
enigmática se abre como en un
suplicio de alevosas serpientes.
Dime, dime, en la esencia venenosa,
donde pican los tóxicos venerables,
donde tropiezan los labios con auroras
disecadas, yo seguiré aquí, invadiendo
de roídos aromas las pestilencias del orbe.
Dime, dime, donde los picos estridentes
veneran sagradas rosas profanas, donde
los herméticos sólidos camuflan sonidos
de flauta, donde las estilográficas nacen
con el ritmo febril y desasosegado, de las
escuálidas formas invertebradas, donde
el crimen asienta sus cimientos de nieve
y púrpura, yo estaré allí, esperando
el regreso de los reyes interminables.
Donde la nieve supera el díscolo amanecer,
y los cuerpos se extravían de puro goce,
clausurando los hipogeos y renaciendo
de herméticos golpes de líquenes perfumados.
Yo seguiré allí, esperando, sobre caminos
de tierra, indestructible.
©
demolidas, y más allá, de nubes
o nebulosas aguas infectadas
de ánades, infantes destruidos,
mordidos en el tobillo, la lengua
enigmática se abre como en un
suplicio de alevosas serpientes.
Dime, dime, en la esencia venenosa,
donde pican los tóxicos venerables,
donde tropiezan los labios con auroras
disecadas, yo seguiré aquí, invadiendo
de roídos aromas las pestilencias del orbe.
Dime, dime, donde los picos estridentes
veneran sagradas rosas profanas, donde
los herméticos sólidos camuflan sonidos
de flauta, donde las estilográficas nacen
con el ritmo febril y desasosegado, de las
escuálidas formas invertebradas, donde
el crimen asienta sus cimientos de nieve
y púrpura, yo estaré allí, esperando
el regreso de los reyes interminables.
Donde la nieve supera el díscolo amanecer,
y los cuerpos se extravían de puro goce,
clausurando los hipogeos y renaciendo
de herméticos golpes de líquenes perfumados.
Yo seguiré allí, esperando, sobre caminos
de tierra, indestructible.
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