Cometas-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Los textos grávidos y profundos

las matemáticas universales del

universo, las fraguas celestiales donde

se marginan los grandes infiernos de pureza



el llanto de una matemática ridícula

la aspereza de un manantial que llora su podredumbre

exacta al terciopelo,



los dinamos inquietos de la noche en su divino vagar

adquieren significados las luces de los promontorios útiles

las momias embalsamadas en siglos de opulencia y fútil rencor



las miradas consuelan lo que los labios advierten yo salgo a veces

de mis precarios raíles para obedecer impulsos ajenos

soy la mirada, vivo en baúles alternos, donde la noche practica

su prolija endogamia celeste.



Vivo en las cortes en los dilatados imperios

donde moran resortes sacos de ignominia perplejos austeros

en las estaciones de tren abandonadas bajo acantilados de tristeza,



en la yugular acariciada por un monte nevado y

fundo la saliva de los altos terraplenes hasta conciliar

mi sueño o el tuyo,



busco enormes aerolitos perfumo los labios

doy de saciar al hambriento hasta comerme las envolturas

en que el hombre es hombre y no

un caníbal de rojo aterciopelado.



No, no me gustaron los altos en el camino

las angosturas de los paquidermos violentos

las luces vengativas de las ciudades distantes

los árboles caducos de fecha efímera,

las calientes estrecheces de los agoreros invitados,

no,



presumo de ser idólatra y fundacional

aunque ya de mí no escape la vida ni la muerte,

se hilan como fugaces gusanos la seda y el hambre

hambriento.



La tenaza derriba mármoles y luego el mar

siempre traga oraciones fúnebres, pero hoy,

desisto de meterme en anteriores fórmulas,

donde residen mis ayeres domesticados por fin.



La vida es humo de estufa recién esquilada,

luna plateada de chimeneas fundacionales,

de estrategias derribadas por anchos muros con sus nubes

gaseosas que inventan su acero para mañana demolido.



Me gusta acariciar el sobre de tu lengua enmarañada

nunca supe decir lo que te amaba

por eso sufro el golpe de vista de los ataúdes muertos

de los rítmicos azufres de la noche intacta como un párpado.



Me gusta simular tu nombre

en nombres de navíos estelares

donde el llanto por fin se sufre

y hay galaxias y tormentos finalizados.



Hay también cristales de polvo denso

donde los pájaros guardan sus navajas

hasta el fin de los deseos, y los cuerpos

tienen sus ventajas bastante claras.



Morir es no tener tumba ni gusano

ni muerte donde caerse vivo

o vida donde estarse quieto o muerto.



El perfume de las rosas exhala

un prurito de igual simetría

alguien alcanza las mayúsculas

del panel de aterrizaje nocturno,

en brumas oxidadas y en paisajes celestes,

alguien muere

su muerte prematura.



Yo lloro llantos de antigua semejanza

de colonias abofeteadas por siglos de ternura

un cíclope de ojos alternándose

que comete un crimen a lascivas profundidades

de tierra y arena de tierra y arena.



En los mensajes del alba

en las negligentes atmósferas

o en los ínfimos pianos del corazón,

alguien se refugia de tu tierna mirada,

caparazón muerto de sus infinitas sucesiones.



Alguien me mata, lo sé

alguien que puede ser mañana

donde admitiré mi locura de piel atigrada

donde culminaré mi derrota

de sílabas operadas, de necedades tan muertas.



Donde todo será rodearse de lóbulos o leones

tan llenos de espuma como de trapos están

los trajes de sus propietarios, las novelas de sus damas.



©
 
Los textos grávidos y profundos

las matemáticas universales del

universo, las fraguas celestiales donde

se marginan los grandes infiernos de pureza



el llanto de una matemática ridícula

la aspereza de un manantial que llora su podredumbre

exacta al terciopelo,



los dinamos inquietos de la noche en su divino vagar

adquieren significados las luces de los promontorios útiles

las momias embalsamadas en siglos de opulencia y fútil rencor



las miradas consuelan lo que los labios advierten yo salgo a veces

de mis precarios raíles para obedecer impulsos ajenos

soy la mirada, vivo en baúles alternos, donde la noche practica

su prolija endogamia celeste.



Vivo en las cortes en los dilatados imperios

donde moran resortes sacos de ignominia perplejos austeros

en las estaciones de tren abandonadas bajo acantilados de tristeza,



en la yugular acariciada por un monte nevado y

fundo la saliva de los altos terraplenes hasta conciliar

mi sueño o el tuyo,



busco enormes aerolitos perfumo los labios

doy de saciar al hambriento hasta comerme las envolturas

en que el hombre es hombre y no

un caníbal de rojo aterciopelado.



No, no me gustaron los altos en el camino

las angosturas de los paquidermos violentos

las luces vengativas de las ciudades distantes

los árboles caducos de fecha efímera,

las calientes estrecheces de los agoreros invitados,

no,



presumo de ser idólatra y fundacional

aunque ya de mí no escape la vida ni la muerte,

se hilan como fugaces gusanos la seda y el hambre

hambriento.



La tenaza derriba mármoles y luego el mar

siempre traga oraciones fúnebres, pero hoy,

desisto de meterme en anteriores fórmulas,

donde residen mis ayeres domesticados por fin.



La vida es humo de estufa recién esquilada,

luna plateada de chimeneas fundacionales,

de estrategias derribadas por anchos muros con sus nubes

gaseosas que inventan su acero para mañana demolido.



Me gusta acariciar el sobre de tu lengua enmarañada

nunca supe decir lo que te amaba

por eso sufro el golpe de vista de los ataúdes muertos

de los rítmicos azufres de la noche intacta como un párpado.



Me gusta simular tu nombre

en nombres de navíos estelares

donde el llanto por fin se sufre

y hay galaxias y tormentos finalizados.



Hay también cristales de polvo denso

donde los pájaros guardan sus navajas

hasta el fin de los deseos, y los cuerpos

tienen sus ventajas bastante claras.



Morir es no tener tumba ni gusano

ni muerte donde caerse vivo

o vida donde estarse quieto o muerto.



El perfume de las rosas exhala

un prurito de igual simetría

alguien alcanza las mayúsculas

del panel de aterrizaje nocturno,

en brumas oxidadas y en paisajes celestes,

alguien muere

su muerte prematura.



Yo lloro llantos de antigua semejanza

de colonias abofeteadas por siglos de ternura

un cíclope de ojos alternándose

que comete un crimen a lascivas profundidades

de tierra y arena de tierra y arena.



En los mensajes del alba

en las negligentes atmósferas

o en los ínfimos pianos del corazón,

alguien se refugia de tu tierna mirada,

caparazón muerto de sus infinitas sucesiones.



Alguien me mata, lo sé

alguien que puede ser mañana

donde admitiré mi locura de piel atigrada

donde culminaré mi derrota

de sílabas operadas, de necedades tan muertas.



Donde todo será rodearse de lóbulos o leones

tan llenos de espuma como de trapos están

los trajes de sus propietarios, las novelas de sus damas.



©
ME GUSTA MUCHO TU POEMA. SALUDOS. DESIRE SOLE
 
Los textos grávidos y profundos

las matemáticas universales del

universo, las fraguas celestiales donde

se marginan los grandes infiernos de pureza



el llanto de una matemática ridícula

la aspereza de un manantial que llora su podredumbre

exacta al terciopelo,



los dinamos inquietos de la noche en su divino vagar

adquieren significados las luces de los promontorios útiles

las momias embalsamadas en siglos de opulencia y fútil rencor



las miradas consuelan lo que los labios advierten yo salgo a veces

de mis precarios raíles para obedecer impulsos ajenos

soy la mirada, vivo en baúles alternos, donde la noche practica

su prolija endogamia celeste.



Vivo en las cortes en los dilatados imperios

donde moran resortes sacos de ignominia perplejos austeros

en las estaciones de tren abandonadas bajo acantilados de tristeza,



en la yugular acariciada por un monte nevado y

fundo la saliva de los altos terraplenes hasta conciliar

mi sueño o el tuyo,



busco enormes aerolitos perfumo los labios

doy de saciar al hambriento hasta comerme las envolturas

en que el hombre es hombre y no

un caníbal de rojo aterciopelado.



No, no me gustaron los altos en el camino

las angosturas de los paquidermos violentos

las luces vengativas de las ciudades distantes

los árboles caducos de fecha efímera,

las calientes estrecheces de los agoreros invitados,

no,



presumo de ser idólatra y fundacional

aunque ya de mí no escape la vida ni la muerte,

se hilan como fugaces gusanos la seda y el hambre

hambriento.



La tenaza derriba mármoles y luego el mar

siempre traga oraciones fúnebres, pero hoy,

desisto de meterme en anteriores fórmulas,

donde residen mis ayeres domesticados por fin.



La vida es humo de estufa recién esquilada,

luna plateada de chimeneas fundacionales,

de estrategias derribadas por anchos muros con sus nubes

gaseosas que inventan su acero para mañana demolido.



Me gusta acariciar el sobre de tu lengua enmarañada

nunca supe decir lo que te amaba

por eso sufro el golpe de vista de los ataúdes muertos

de los rítmicos azufres de la noche intacta como un párpado.



Me gusta simular tu nombre

en nombres de navíos estelares

donde el llanto por fin se sufre

y hay galaxias y tormentos finalizados.



Hay también cristales de polvo denso

donde los pájaros guardan sus navajas

hasta el fin de los deseos, y los cuerpos

tienen sus ventajas bastante claras.



Morir es no tener tumba ni gusano

ni muerte donde caerse vivo

o vida donde estarse quieto o muerto.



El perfume de las rosas exhala

un prurito de igual simetría

alguien alcanza las mayúsculas

del panel de aterrizaje nocturno,

en brumas oxidadas y en paisajes celestes,

alguien muere

su muerte prematura.



Yo lloro llantos de antigua semejanza

de colonias abofeteadas por siglos de ternura

un cíclope de ojos alternándose

que comete un crimen a lascivas profundidades

de tierra y arena de tierra y arena.



En los mensajes del alba

en las negligentes atmósferas

o en los ínfimos pianos del corazón,

alguien se refugia de tu tierna mirada,

caparazón muerto de sus infinitas sucesiones.



Alguien me mata, lo sé

alguien que puede ser mañana

donde admitiré mi locura de piel atigrada

donde culminaré mi derrota

de sílabas operadas, de necedades tan muertas.



Donde todo será rodearse de lóbulos o leones

tan llenos de espuma como de trapos están

los trajes de sus propietarios, las novelas de sus damas.



©
Zarpar hacia esos mares donde la ilusion y el ensuello
dejan como la bella brisa que rompe con las dispersiones
consensuadas. excelente. saludos amables de luzyabsenta
 

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