Fernando Oviedo
Mirando el cenit de hace medio día.
Apegado a un destino incorporado, como flores de cerezos que de sus ramas anuncian los verdores de noviembre y sus siguientes meses con sus garúas de risas vívidas, de sonrisas anheladas, de retoños arriostrados a sus bordes creadores de miradas de palmas, de manos, de extrañares, de iluminada luz de bordes, de gotitas retozando sobre pétalos blancos... Si, de los consabidos cerezos y su deliciosa locura... que mi sonrisa larga necesita de tus colores, incluido el azul cobalto: inacabable divagando entre chorrillos de yerbajos y piedras, tu universo de comisuras y sus apuros, donderías y parlos entre bancas bajo qiwiñas laxas y los corillos de vientos, de orillos e imágenes de moreras, mirando las cordilleras van los reojos en latir acelerado, divagando en ideas de mirare cómplice: de jugosas vueltas de carcajadas en vértigo y apuros interminables y otra vez: extrañare.