BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo me morí muy joven
así que a nadie ni a nada
puedo culparle eternamente
de mi propia soledad universal
pretendidamente obsoleta
en estas llanuras inciertas
que acogotan la mente y turban
la paz celestial de las montañas.
A nadie puedo responsabilizar
de tan altas estratagemas imposibles
de olvidar, aquellos desesperados
ruidos de la noche
alcanzando por fin su sitio en la alfombra.
Yo morí hace mucho tiempo
aunque no puedo mostrar indiferencia
ahora las manzanas me saludan
yo invento los días hasta terminarlos.
No, no puedo culpar a nadie
de ir cómodamente instalado en un reloj,
en un huracán inservible de autobuses.
Me perdí hace algunos días
llevaba trayectos impecables
conservados en un mapa de geografías
ausentes y al ser un niño
di con la forma de buscar lo inútil
en lo bello o hermoso.
Mi cuerpo fue sucediéndose
iniciaba su rayo de olímpica vergüenza
moraban sus rostros desaliñados
en pequeñas persianas cerradas
a los bloques de cemento aturdido.
Y bajé por las pendientes
con las azucenas radiantes
con los pendientes en lóbulos
con el azúcar impreso en cada uno
de mis dientes.
Cumplí los ritos
tuve un par de hijos
morí en el anonimato
y obtuve una beca en cambio
para asilar mi propia senectud.
No puedo decir 'alguien disparó'
en lugar de una estrella pletórica,
fui fulminado al nacer
con las orgías de los dueños.
Así que obstinadamente mantuve
la fe ciega el impulso demorado
los vínculos atrapados las esperanzas atadas
los instintos desplazados pudriéndose
en la imagen colgaron un escalpelo
para sacar las liendres a los niños suprimidos.
©
así que a nadie ni a nada
puedo culparle eternamente
de mi propia soledad universal
pretendidamente obsoleta
en estas llanuras inciertas
que acogotan la mente y turban
la paz celestial de las montañas.
A nadie puedo responsabilizar
de tan altas estratagemas imposibles
de olvidar, aquellos desesperados
ruidos de la noche
alcanzando por fin su sitio en la alfombra.
Yo morí hace mucho tiempo
aunque no puedo mostrar indiferencia
ahora las manzanas me saludan
yo invento los días hasta terminarlos.
No, no puedo culpar a nadie
de ir cómodamente instalado en un reloj,
en un huracán inservible de autobuses.
Me perdí hace algunos días
llevaba trayectos impecables
conservados en un mapa de geografías
ausentes y al ser un niño
di con la forma de buscar lo inútil
en lo bello o hermoso.
Mi cuerpo fue sucediéndose
iniciaba su rayo de olímpica vergüenza
moraban sus rostros desaliñados
en pequeñas persianas cerradas
a los bloques de cemento aturdido.
Y bajé por las pendientes
con las azucenas radiantes
con los pendientes en lóbulos
con el azúcar impreso en cada uno
de mis dientes.
Cumplí los ritos
tuve un par de hijos
morí en el anonimato
y obtuve una beca en cambio
para asilar mi propia senectud.
No puedo decir 'alguien disparó'
en lugar de una estrella pletórica,
fui fulminado al nacer
con las orgías de los dueños.
Así que obstinadamente mantuve
la fe ciega el impulso demorado
los vínculos atrapados las esperanzas atadas
los instintos desplazados pudriéndose
en la imagen colgaron un escalpelo
para sacar las liendres a los niños suprimidos.
©