BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hace tiempo ese hombre estuvo vivo
repentinamente del suelo de las entrañas
terrestres el cielo golpeó las sílabas de un profundo
asco invernal y lascivo, una mañana de teclas
inoportunas y naranjas molientes.
Las lenguas invioladas crecían en los estanques
inaugurando profecías muertas golpes en los muslos
inquietos, donde siempre atardecía con fiereza
de animal imprevisible.
Todo era profano un mundo virgen se ofrecía
cartas de navegación no impedían el asombro
como sombra acuática bajo augustos pedestales
dormían los ángeles su eterna divagación de sombras
y recuerdos.
La mañana fría los augustos pinares llenos de frío
las gélidas mansedumbres los apaciguados instintos
devenían en cánticos o loas donde las cosas los objetos
proferían su eco materno y marítimo.
Oh cercanía de vegetales y profusas lágrimas
donde bendecido por dioses tu gloria indecible
fabricaba cuentos y algodones lascivos. Promesa
de un futuro que portaba una secuencia de raros
extraños apéndices nasales.
Entonces en la delgada línea estelar
los algodones, las salivas, los meteoros
debieron sufrir inexplicablemente, era el tiempo
de las aguas sobre los barrios, de las iglesias
detenidas sobre los vientos sucios y loables,
de las guaridas secas en vientres ajenos.
Era el tiempo de la materia virginal y caliente
de los placebos en mitad de una fábrica de fluidos
de la formación de galaxias entorno a una mesa de trabajo.
Ahora los cielos estremecen sus cánticos nocturnos
hasta saciar los emblemas a los que se acogen los niños
triunfando de masas en utilidades analfabetas.
©
repentinamente del suelo de las entrañas
terrestres el cielo golpeó las sílabas de un profundo
asco invernal y lascivo, una mañana de teclas
inoportunas y naranjas molientes.
Las lenguas invioladas crecían en los estanques
inaugurando profecías muertas golpes en los muslos
inquietos, donde siempre atardecía con fiereza
de animal imprevisible.
Todo era profano un mundo virgen se ofrecía
cartas de navegación no impedían el asombro
como sombra acuática bajo augustos pedestales
dormían los ángeles su eterna divagación de sombras
y recuerdos.
La mañana fría los augustos pinares llenos de frío
las gélidas mansedumbres los apaciguados instintos
devenían en cánticos o loas donde las cosas los objetos
proferían su eco materno y marítimo.
Oh cercanía de vegetales y profusas lágrimas
donde bendecido por dioses tu gloria indecible
fabricaba cuentos y algodones lascivos. Promesa
de un futuro que portaba una secuencia de raros
extraños apéndices nasales.
Entonces en la delgada línea estelar
los algodones, las salivas, los meteoros
debieron sufrir inexplicablemente, era el tiempo
de las aguas sobre los barrios, de las iglesias
detenidas sobre los vientos sucios y loables,
de las guaridas secas en vientres ajenos.
Era el tiempo de la materia virginal y caliente
de los placebos en mitad de una fábrica de fluidos
de la formación de galaxias entorno a una mesa de trabajo.
Ahora los cielos estremecen sus cánticos nocturnos
hasta saciar los emblemas a los que se acogen los niños
triunfando de masas en utilidades analfabetas.
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