BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Destruyendo hímenes desde torres inmemoriales
hundidas las cervices hasta los crímenes insospechados
fornicando con rubias flamencas hasta la extenuación
dormitando entre barracas infladas de suspiros y destrucciones.
Fortaleciendo el aspecto infame de las íntimos rencores,
combatiendo el sintagma con los testículos y los pezones,
dejando la mano hueca en los fétidos pretéritos, mezclando
sílabas palabras llantos, meras convergencias de aire y resonancia.
Construyendo malformaciones fetales o aguas en diapasón,
nadie permite soñar, en estas tierras fatuas y desleales.
Miren el álgido deambular de la luz en medio de los hombres:
cómo fluye el viento entre los árboles, electrificando praderas o altos cementerios.
Mira el ciclo solar derruido sobre broncas apaciguadas por instantes:
el destartalado refugio permanece ahí, como una quieta advertencia.
Miren el ojo de la luna cambiar sus trastos por estacas divertidas:
la vergüenza arrostró los rostros de antiguos canallas jerarquizados.
No existe temperamento que inicie nada, que pronostique nada,
que vacíe su signo metódico de ambiguos secretos.
Y unos cartones exigen su tributo mediocre,
y unas cartas antiguas derriban las zonas espartanas,
y unos símbolos escritos sobre los agostados cereales,
cumplen al fin su designio: oh miseria
miserable de los hombres, cómo evito ahora
su antigua y franca amistad, Dios me libre
de estar a gusto con nadie!©
hundidas las cervices hasta los crímenes insospechados
fornicando con rubias flamencas hasta la extenuación
dormitando entre barracas infladas de suspiros y destrucciones.
Fortaleciendo el aspecto infame de las íntimos rencores,
combatiendo el sintagma con los testículos y los pezones,
dejando la mano hueca en los fétidos pretéritos, mezclando
sílabas palabras llantos, meras convergencias de aire y resonancia.
Construyendo malformaciones fetales o aguas en diapasón,
nadie permite soñar, en estas tierras fatuas y desleales.
Miren el álgido deambular de la luz en medio de los hombres:
cómo fluye el viento entre los árboles, electrificando praderas o altos cementerios.
Mira el ciclo solar derruido sobre broncas apaciguadas por instantes:
el destartalado refugio permanece ahí, como una quieta advertencia.
Miren el ojo de la luna cambiar sus trastos por estacas divertidas:
la vergüenza arrostró los rostros de antiguos canallas jerarquizados.
No existe temperamento que inicie nada, que pronostique nada,
que vacíe su signo metódico de ambiguos secretos.
Y unos cartones exigen su tributo mediocre,
y unas cartas antiguas derriban las zonas espartanas,
y unos símbolos escritos sobre los agostados cereales,
cumplen al fin su designio: oh miseria
miserable de los hombres, cómo evito ahora
su antigua y franca amistad, Dios me libre
de estar a gusto con nadie!©