Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
El hijo y su anciano padre
mantienen amena charla,
la luna llena de enero,
escucha, discreta, y calla.
-Papá, quisiera contarte
que conocí una muchacha,
su pelo, trigo maduro
y azul cielo la mirada.
Lleva una aureola de hechizos
bien engarzada en su estampa,
soy fuego al tener sus besos
y rescoldo si me faltan.
-Amar es parar el tiempo,
a otro mundo abrir persianas,
presagio de mil colores,
si te hace feliz, me basta.
-Mas, cuida tus decisiones,
las apariencias engañan,
sirenas de bellas voces
atrapan mentes incautas.
La luna de marzo espía
con su disfraz de atalaya,
no quiere perder detalle
de las tragedias humanas.
-Papá, mi niña me cela,
me gustaría dejarla,
pero se inflaman mis venas
y mi corazón estalla.
-Me ha pedido que viajemos
a comarcas muy lejanas
donde podamos amarnos
sin que se interponga nada.
-Hijo, todo es un engaño
el amor nunca separa,
apégate a los afectos
formando una gran muralla.
-Lucha porque aún hay tiempo
y escucha a quienes te aman,
serán bálsamo de alivio
en las horas más aciagas.
La hermosa luna de mayo ,
de todas la más lozana,
para no ver, se ha escondido
en el celaje, apenada...
-Papá, no siento mi cuerpo
está tendido en la cama,
traidora, mi niña ríe
con una mueca macabra.
-Quisiera poder pedirte
perdón por dejar clavada,
al desoír tu consejo,
en tu pecho, negra daga.
-No sufras y aguarda, hijo,
a que yo emprenda la marcha,
para evocar la ternura
de abrazos, alma con alma.
-Volveremos con la brisa
para entrar por las ventanas,
musitando en cada oído,
la droga destruye y mata.
La luna que nunca juzga
y guarda todo en su arca,
evita que por su rostro
resbalen furtivas lágrimas.
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