S
sergio amigo
Invitado
Siempre he querido saltar. Lo que no había pensado es en la posibilidad de que lo hiciera mi hijo. Se me hace un pequeño nudo en la garganta. Felicidades, Miguel.
En el aire renace como artista,
amansador del leviatán del miedo,
volar está labrado como un credo
en sus entrañas de paracaidista.
Con su frágil escudo de idealista
desciende entre las nubes cual torpedo,
veloz el pulso y el aliento quedo,
a los sueños pasándoles revista.
Son tan pequeños, árboles y rutas.
como inmenso el sosiego del paisaje
que torna sus tristezas diminutas.
Va brillando engarzado a su ropaje,
medular, entre normas absolutas,
el reloj sibilino del coraje.
Dedicado a mi hijo Nicolás