En el trigal del alma

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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En la abreviatura del sendero,
en el enredo de la verde hierba,
en los filamentos enjutos del río
me abandono a su dulce melodía
y me hundo abstraído en el meandro
con el plañir tenue del pensamiento.

-¡Sé que muero por ser espiga dorada
en los mares desgreñados del trigal!
Siento a sus raíces crecer dentro mí,
a sus granos germinar con cada latido,
con cada gota agitada de mi pecho,
a mi sangre ser el alimento fértil
para aquel mar sin final y sin principio,
y me siento parte de sus olas amarillas,
de sus trenzadas y finas espigas.

Desde allí, en la declinación del sendero
se oye entre las espigas esta canción
que como a las hojas se la lleva el viento:
Sé que ella es mi campo.
Atardecer en mi alma.
Noche cálida en mi piel.
Dueña de mi silencio.
Rosa roja en mi boca.
Amor eterno de mujer.

-¡Sé que ella es el barniz del sembrado
y las espigas acariciadas por la brisa!
Ella es la figura sinuosa del horizonte
que cada día da sustento a mi corazón,
es el grano maduro dentro del alma
que es molturado por el canto del molino.

¡Y sé que ella engalana con su tinte al trigal
con los colores más hermosos de su amor!
Es la melodía inacabada de los jilgueros
que en la rama del chopo cae en desorden
para después abandonarse en el cauce
y quedar presa entre los juncos enjutos y finos,
es la sombra esbelta de la cima de la montaña
que en secreto sosiega a las espigas
mientras el atardecer se adueña de la luz
y mis labios pronuncian su nombre.

-¡Sé que ella es el rubor de la amapola
en la melancolía del mar de trigo!
Es la nota de una inacabada melodía
en la partitura silenciosa de las espigas,
es la figura sinuosa del horizonte
que cada día da sustento a mi corazón,
es el salmo enamorado dentro del alma
que es molturado por el canto del molino.
 
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