Vas afilando tus alfiles;
van esparciendo semillas literarias, por la mesa de juego...
los trigales, donde grazna el pecho;
mientras buscan su argumento, el ferrocarril y el tigre.
Mientras ilumina tus tapices interiores,
la luz peluda del recuerdo.
Si es de anhelo el átomo perdido,
lo que van sangrando los acordes de los teloneros…
el museo en popa, los rompientes indios.
Nosotros apenas presos de una fiebre organizativa…
de las percusiones de una fiebre de libélulas.
Nosotros, tras los traseros, donde se asienta el símbolo...
desenredando hilos de voz negra, y trópicos de hormigas…
ese caudal de pasiones,
que sedimenta en papel,
esas raíces de corazón y cabeza.
Nuestro parchís, con mil fichas,
los que aterrizaron con mil ruedas…
el sol donde se pintan, ellas, ellos,
y el perfil de los transportes...
donde no falta el componente,
y el encantador mecánico.
El grito ilimitado,
que sale por el vientre,
y los resucitados por impacto…
esa serpiente,
que entró por el ombligo,
buscando moralejas surrealistas…
van esparciendo semillas literarias, por la mesa de juego...
los trigales, donde grazna el pecho;
mientras buscan su argumento, el ferrocarril y el tigre.
Mientras ilumina tus tapices interiores,
la luz peluda del recuerdo.
Si es de anhelo el átomo perdido,
lo que van sangrando los acordes de los teloneros…
el museo en popa, los rompientes indios.
Nosotros apenas presos de una fiebre organizativa…
de las percusiones de una fiebre de libélulas.
Nosotros, tras los traseros, donde se asienta el símbolo...
desenredando hilos de voz negra, y trópicos de hormigas…
ese caudal de pasiones,
que sedimenta en papel,
esas raíces de corazón y cabeza.
Nuestro parchís, con mil fichas,
los que aterrizaron con mil ruedas…
el sol donde se pintan, ellas, ellos,
y el perfil de los transportes...
donde no falta el componente,
y el encantador mecánico.
El grito ilimitado,
que sale por el vientre,
y los resucitados por impacto…
esa serpiente,
que entró por el ombligo,
buscando moralejas surrealistas…