PoetaJC
Poeta recién llegado
Te ame sin saberlo,
lejana, perdida en un orgullo
sin manos, sin caricias,
sin rostro, sin sueños.
Loco me volví por quererte,
por esperar de ti una simple caricia y no un beso.
Por estar junto a ti
y no en tu seno.
Harto de ocultar en mi pecho un infierno,
la lava blanca que deseaba derramarse sobre tu cuerpo,
el aullido del beso y el temblor del deseo.
Hundido hasta dentro, donde todo es noche
acompañado por una tristeza oscura e indefensa.
Un silencio que se va extendiendo por un inmenso cielo
distanciándome de tu rostro convertido en una nube de polvo.
Ahora sólo eres un espejismo de sueño,
un velo sin rostro, nada más que eso.
Pero aún escucho
los pasos que me acercaron hasta tus ecos,
esa huella seca y hueca.
Un carromato detenido
en mitad de un hermoso fuego.
Un fuego de cenizas
donde tus labios se partieron
y mi pecho se astilló en la roca de la lástima.
Rayos de luz despuntan hacia ese punto
donde hace tiempo
nuestros ojos se encontraron
como unas ignotas estrellas.
Ahora miro desde la distancia
y siento que algo no llegué a confesarte
y se ahoga en el charco de la nostalgia.
Un charco de dulce sangre
porque yo jamás vertí una gota de amargura,
sólo una dócil esperanza.
La esperanza de que comprendieras que te amaba.
J.C. Luzardo
�Todos los derechos reservados
lejana, perdida en un orgullo
sin manos, sin caricias,
sin rostro, sin sueños.
Loco me volví por quererte,
por esperar de ti una simple caricia y no un beso.
Por estar junto a ti
y no en tu seno.
Harto de ocultar en mi pecho un infierno,
la lava blanca que deseaba derramarse sobre tu cuerpo,
el aullido del beso y el temblor del deseo.
Hundido hasta dentro, donde todo es noche
acompañado por una tristeza oscura e indefensa.
Un silencio que se va extendiendo por un inmenso cielo
distanciándome de tu rostro convertido en una nube de polvo.
Ahora sólo eres un espejismo de sueño,
un velo sin rostro, nada más que eso.
Pero aún escucho
los pasos que me acercaron hasta tus ecos,
esa huella seca y hueca.
Un carromato detenido
en mitad de un hermoso fuego.
Un fuego de cenizas
donde tus labios se partieron
y mi pecho se astilló en la roca de la lástima.
Rayos de luz despuntan hacia ese punto
donde hace tiempo
nuestros ojos se encontraron
como unas ignotas estrellas.
Ahora miro desde la distancia
y siento que algo no llegué a confesarte
y se ahoga en el charco de la nostalgia.
Un charco de dulce sangre
porque yo jamás vertí una gota de amargura,
sólo una dócil esperanza.
La esperanza de que comprendieras que te amaba.
J.C. Luzardo
�Todos los derechos reservados