BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces no quiero
ni verme el pelo
ni transijo con el
reflejo ausente
que pretende escuchar
ruidos de sirenas
adormecidas voces
dentro del espejo carbonizado
de la mañana.
De la maraña de sentimientos
que atravieso con más fe
que ímpetu, con más esperanza
que sosiego. A veces
ni el espejo me resuelve
esa mirada de matemática
ceniza, de ecuación dormida
en los entresijos de un aula
despoblada. Duermo
a medianoche, contemplo
el silencio, y la lluvia me
protege de mí mismo.
La voz surge y la poesía
se abalanza. Palabras
y palabras nacidas de mil
gargantas, de mil soles
desaparecidos. De mil sombras
acometidas despacio.
A veces en el espejo
me observo, contemplando
las sinuosas cicatrices
del tiempo. Que allí
entretuvo su discurso fútil
de flores marchitadas
y cosas inútiles. A veces
me protejo y salgo de la nube
como un rayo de un reloj destrozado
por la inercia. ©
ni verme el pelo
ni transijo con el
reflejo ausente
que pretende escuchar
ruidos de sirenas
adormecidas voces
dentro del espejo carbonizado
de la mañana.
De la maraña de sentimientos
que atravieso con más fe
que ímpetu, con más esperanza
que sosiego. A veces
ni el espejo me resuelve
esa mirada de matemática
ceniza, de ecuación dormida
en los entresijos de un aula
despoblada. Duermo
a medianoche, contemplo
el silencio, y la lluvia me
protege de mí mismo.
La voz surge y la poesía
se abalanza. Palabras
y palabras nacidas de mil
gargantas, de mil soles
desaparecidos. De mil sombras
acometidas despacio.
A veces en el espejo
me observo, contemplando
las sinuosas cicatrices
del tiempo. Que allí
entretuvo su discurso fútil
de flores marchitadas
y cosas inútiles. A veces
me protejo y salgo de la nube
como un rayo de un reloj destrozado
por la inercia. ©