Encanta, ir buscando por la raíz, a la serpiente…
derrochar tanta tinta, para ir tiñendo las sombras, de las banderolas…
ir tomando, del ron, su cicatriz.
Encanta, la plaza repleta de pañuelos rojos;
plena de alegría y efervescencia.
Encanta, La saciedad del último perro…
campanilleros y saltarines,
buscando sabios y lagartos,
por las celdillas amorosas.
Nos encanta ir apurando la brasa, del lado feliz…
mientras se demora, en canción de latidos de tierra;
piel morena, graciosa musa, de sintonía y color.
Admiramos al artista, y su locomotora sombreada por las palmeras;
las fresitas de humo, intercaladas,
y las tabernas donde nos sonreían, chinitas vendiendo rosas.
Los plumajes multicolor, que exhalaban otra filigrana;
esa feria de tenderetes , y esos intervalos, donde escriben los peces…
pero más adoras, las manos translucidas, las manos que unen…
por la ciudad que pasa deprisa, abrazando tierras lejanas.
Ese azul tan expansivo… esos lechos de loto…
esas terrazas, donde no dejamos de inspirar, un café tras otro….
Con ese libro, repleto de símbolos indios…
y esa muchacha,
la que dedica una mirada, en su rostro, que recuerda París….
con sus cabellos dictando, las solturas de las melodías,
y esos brazos, que exigen los cauces.
derrochar tanta tinta, para ir tiñendo las sombras, de las banderolas…
ir tomando, del ron, su cicatriz.
Encanta, la plaza repleta de pañuelos rojos;
plena de alegría y efervescencia.
Encanta, La saciedad del último perro…
campanilleros y saltarines,
buscando sabios y lagartos,
por las celdillas amorosas.
Nos encanta ir apurando la brasa, del lado feliz…
mientras se demora, en canción de latidos de tierra;
piel morena, graciosa musa, de sintonía y color.
Admiramos al artista, y su locomotora sombreada por las palmeras;
las fresitas de humo, intercaladas,
y las tabernas donde nos sonreían, chinitas vendiendo rosas.
Los plumajes multicolor, que exhalaban otra filigrana;
esa feria de tenderetes , y esos intervalos, donde escriben los peces…
pero más adoras, las manos translucidas, las manos que unen…
por la ciudad que pasa deprisa, abrazando tierras lejanas.
Ese azul tan expansivo… esos lechos de loto…
esas terrazas, donde no dejamos de inspirar, un café tras otro….
Con ese libro, repleto de símbolos indios…
y esa muchacha,
la que dedica una mirada, en su rostro, que recuerda París….
con sus cabellos dictando, las solturas de las melodías,
y esos brazos, que exigen los cauces.
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